viernes, 15 de octubre de 2010

madre

Mi madre fue asesinada el 3 de febrero de 1977, a las 2.05 de la madrugada, en la esquina de Santamarina y Chubut, Ciudadela. Su partida de defunción decía: "Múltiples heridas de bala. NN femenino, delgada, 1.65, cabello rubio teñido". Nada de sus ojos celestes, en una de esas había llegado a cerrarlos. En una de esas estaba oscuro en la morgue o se habían acumulado demasiados cuerpos o les pareció en vano anotar un dato tan estúpido cuando la poseedora de los ojos celestes está muerta y a esas pupilas de agua que solían cubrir sus párpados como una marea sólo les espera la corrupción.
Mi madre es ahora, concretamente, un cráneo con pocos dientes, un maxilar asignado morfológicamente, tibias y fémures, radios y cúbitos, clavículas. Seguro me equivoco en la enumeración de los huesos, lo cierto es que su torso continúa desaparecido.
Ella, no.
Ahora puedo trazar un recorrido de sus años de silencio. sus años bajo tierra. su asfixia en el anonimato.
¿Dónde estaba yo la noche en que la mataron?
Mi hermano preguntó si la habían fusilado de frente o de espaldas.
Hay cosas que nunca podremos saber.
Tiene un disparo en la pierna.
Hasta el 85 su cráneo estaba rosado. Había restos de carne, restos de aquello que yo había besado. restos que volvieron a la tierra sin una caricia sin un consuelo para la larga muerte del anonimato.