viernes, 3 de mayo de 2013

viernes, 15 de octubre de 2010

madre

Mi madre fue asesinada el 3 de febrero de 1977, a las 2.05 de la madrugada, en la esquina de Santamarina y Chubut, Ciudadela. Su partida de defunción decía: "Múltiples heridas de bala. NN femenino, delgada, 1.65, cabello rubio teñido". Nada de sus ojos celestes, en una de esas había llegado a cerrarlos. En una de esas estaba oscuro en la morgue o se habían acumulado demasiados cuerpos o les pareció en vano anotar un dato tan estúpido cuando la poseedora de los ojos celestes está muerta y a esas pupilas de agua que solían cubrir sus párpados como una marea sólo les espera la corrupción.
Mi madre es ahora, concretamente, un cráneo con pocos dientes, un maxilar asignado morfológicamente, tibias y fémures, radios y cúbitos, clavículas. Seguro me equivoco en la enumeración de los huesos, lo cierto es que su torso continúa desaparecido.
Ella, no.
Ahora puedo trazar un recorrido de sus años de silencio. sus años bajo tierra. su asfixia en el anonimato.
¿Dónde estaba yo la noche en que la mataron?
Mi hermano preguntó si la habían fusilado de frente o de espaldas.
Hay cosas que nunca podremos saber.
Tiene un disparo en la pierna.
Hasta el 85 su cráneo estaba rosado. Había restos de carne, restos de aquello que yo había besado. restos que volvieron a la tierra sin una caricia sin un consuelo para la larga muerte del anonimato.

martes, 8 de junio de 2010

Mami Marta (año y medio después del parto)

Nuestro hijo, F., usa unas pocas palabras. Es que él habla con dicción perfecta o se calla, presunción que agota su vocabulario en: asco, agua, caca, auto, mirá, dejame, dame, listo, chau, no. Anoche creímos que decía “youtube”, pero de inmediato nos rescatamos, no es posible que diga semejante cosa antes que mamá. Además, cuando quiere que le ponga videos de los muppets me pide “mi mi” que es la sílaba con que se canta la Canción de la Alegría según los célebres muñecos. Por supuesto –por supuesto dice esta madre babosa- repite muchas otras palabras: desde los nombres de sus amigos hasta “uh ha”. Quiere decir upa, algo que le enseñé yo. Aunque yo le enseñé a pedir “upa, mami”, él se quedó con lo fundamental (brazos arriba y sonido gurutal). Sabe, como solemos aprender quienes hemos sido amados a esa edad, que alguien lo va a entender. Sobre todo nosotras, sus mamis. Sin embargo, debo decir que se nos cruzó por la cabeza que sea la sobreabundancia de madres –y esa necesidad de decir mami A. y mami Marta todo el tiempo- lo que lo aleja de las dos sílabas mágicas y entonces empezamos a intentar entre nosotras la estrategia de nombrarnos distintas, una mamá, la otra mami. Pero la verdad es que se nos confunde. Y además no nos resulta justo ¿quién quiere quedarse con el diminutivo para siempre y quién con la solemnidad de la palabra completa? Las dos somos madres y a las dos nos toca de tanto en tanto eso de “tu hijo” y también él puede escuchar de ambas bocas “es que tu madre…”, fórmulas típicas de las rencillas cotidianas que en definitiva son el meollo de la vida misma.

Sin embargo, y por las dudas, también lo alentamos a que nos llame por nuestros nombres. En mi caso, al menos. En el caso de A., su nombre es tan largo que optó por su apellido bisílabo, a lo que nuestro hijito respondió muy bien; en los siguientes cinco minutos. Después lo olvidó, como olvidó el “ta ta” con que responde a veces a mi insistencia.

Intimamente creo que A. se merece el primer “mamá”. No sólo por haberlo gestado y parido con la majestad y el poder que tales tareas requieren; también porque es mi amor y entonces quisiera ser testigo de ese temblor que provocan las primeras veces. Además, debo decirlo, F. ya me ha regalado momentos memorables. Como querer venir conmigo aun estando en brazos de ella que lo amamantó durante más de un año. O morderme la nariz de pura euforia porque todavía no sabe dar besos más que a la distancia y cuando se despide.

¿Es necesario que me diga mamá para saber eso soy para él? Ahora puedo decir que no. Aunque el tiempo de la adopción, ese que sucede entre el extrañamiento y el amor incondicional, incuba el germen de la duda. A la distancia puedo decir que fue un tiempo corto, aun cuando la adopción de este hijo que no parí sea un compromiso que se renueva a diario, como los votos del amor. La misma noche en que nació, F. durmió sobre mi pecho, toda la noche. Su otra madre durmió a nuestro lado, a pata suelta, agotada y tranquila. En esas horas se fundieron nuestros olores y nuestros latidos –una manía más de la que cuesta despegarse ¿hay algo mejor que dormir en dulce montón-, mi insomnio de ojos como platos con la respiración relajada de los dulces durmientes. En esas horas después del parto, yo estaba teniendo a mi hijo, literal y metafóricamente.

Hace poco, mientras comíamos en un restaurant, salimos A. y yo a fumar un cigarrillo. Otro fumador se acercó a hablarnos: ¿Vinieron solas? Nos miramos ¿acaso no éramos dos? A. se adelantó: “Sí, vinimos sin hijos”. El tipo insistió, solas para él era sin machos. “Somos una pareja”, dije yo. Como un hábil pescador, el tipo recogió la línea tan rápido como pudo, preguntó cuántos hijos teníamos, dijo qué lindo, él también tenía los suyos. Después de esa conversación, A. me dijo: “Estoy harta de que digas que tenemos un solo hijo. Tenemos dos, y una nieta”. A ella, adoptar a nuestra hija mayor le llevó varios años. Su reclamo fue más dulce que un beso en la boca. Además, supe otra cosa. Nuestra hija mayor jamás le va a decir mamá a A. Pero la maternidad es un vínculo que se ejerce unilateralmente. Para decirlo en criollo: un viaje de ida.

Con F., nuestro bebé, es distinto, por supuesto. Para él y con él estamos inventando una constelación nueva. Además de sus dos madres tiene un padre, lo que convierte todo en más difícil de explicar –extrañamente- a vecinxs, empleadas domésticas e incluso familiares. Creo que nuestrxs amigxs tienen menos problemas al respecto. Estoy segura de que F. no tiene ninguno, aunque puedo imaginar su revoleo de ojos en señal de hartazgo cada vez que tenga que hacerse cargo de su propio coming out familiar.

Hay consenso entre quienes nos rodean en que F. tiene mis ojos, el placer por bailar heredado de su padre y el carácter impetuoso de su otra madre. “Otra” sí, porque soy yo quien escribe, mami Marta, aunque todavía es una incógnita saber cómo me va a nombrar. Qué importa, en este viaje de ida lo importante no es llegar, mucho menos tener retorno. Lo que importa es andar el camino. Y en eso estamos, en eso estamos.

viernes, 4 de junio de 2010

padre

anoche soñé: "me piden un poscriptum, pero la muerte permanece y no acepta palabras de final, siempre está empezando". Demasiado elaborado para un sueño. Pero enterrar al padre es así, elaborado.

domingo, 23 de mayo de 2010

hospitales

El sonido del agua borboteando para generar oxígeno. La tos persistente de otro paciente y la tos queda de mi padre que él atribuye a dos o tres cucharadas de helado de frutilla que comió entre temblores. un silencio que no es tal por lo antes descripto, por otras voces que llegan del pasillo, por el tin tin de los celulares que llega a todos lados. este es un tiempo en suspenso en el que nada se sabe y nada justifica desbarrancarse siguiendo el impulso de la compasión por una misma, ni siquiera por quien yace en duermevela atravesado por drogas autorizadas. ahora es estar acá. eso es todo. permiso para pasar por la enfermería. la piel seca por la insistencia del jabón, necesario cada vez que se atraviesa la puerta. el desfile del bicentenario atravesando mudo la nueve de julio por una pantalla que nadie mira pero que nadie apaga. morir aquí no tiene romanticismo. morir no tiene encanto. solo la contundencia de un hecho con un escenario delimitado en cuya frontera estuve parada muchas veces. si araño la superficie de mi coraza podría decir que estoy triste. no hay relación entre esa constatación y mis ganas de llorar. llorar se llora mejor cuando es de alegría y eso se me da a menudo porque en definitiva aquí mismo se pueden encontrar las pistas de un beso prolongado que se da con la boca abierta aun cuando no tenga ganas. aun cuando tenga comida en la boca y entonces me avergüence dejar que la lengua escarbe en otras humedades. el hospital tiene su ritmo -agua, celulares, tos, puertas, voces-, yo estoy afuera de esa cadencia. tengo un dolor que no es de ahora que no va a pasar y que, aun permanente, solo sirve de contraste; ciertos líquidos en ciertos análisis, inocuo aunque buen catalizador. estoy cansada, siento la resaca de una botella tomada en un boliche de cuarta con mi hermano favorito escuchando sus dolores y su ansia por saber que no es él quien va a morir ¿acaso alguien va a morir en breve plazo? ¿lo conocemos? no hablo de decir su nombre, hablo del recuento de las cosas compartidas. aprender a andar en bicicleta. el sabor de la manteca salada en vaciones, los barquitos de panes con manteca, el queso antes de la comida, los libros de policiales como primera lectura, un cuento de un perro al que le salìa una flor en la cola. por ahora me quedo con eso. una enfermera travesti vino con su instrumento de medición. alguien avisó que era travesti, esperando que eso no sea molestia. larga vida a marilú. larga vida a mi padre.

miércoles, 5 de mayo de 2010

media sanción

Hice el intento de quedarme despierta hasta la votación en diputados de la modificación del Código Civil para ampliar el matrimonio a cualquier pareja, sea del sexo o género que sea. no lo logré, apenas prendí la tele y me quedé dormida. lo último que escuché fue el reproche de mami, que está harta de mis últimos ritos antes de dormir, no importa que sea la tele o la lectura. Dice que se va a ir a dormir sola. no le creo. aunque a veces resulta convincente. la cuestión es que no ví el momento histórico -como tampoco lo ví aquella noche en que el vicepresidente nos tuvo en vilo hasta las cuatro de la mañana para mal construir una frase que terminó dando por tierra con nuestras ilusiones de derrotar a la oligarquía. ja.-, pero de todos modos lagrimee esta mañana con la cuenta regresiva del tiempo de votación y un resultado positivo ajustado pero redondo. ¿será que podremos casarnos? ¿tendremos que hacerlo otra vez? la incomodidad resulta de la necesidad de exhibir un amor romántico y a prueba de todo que no siempre está blindado a la vida cotidiana. yo me siento mujercita en estos casos. quisiera festejar pero si no me emociono con mi chica para qué. en fin, valía la pena anotar que tal vez vayamos por una libreta de matrimonio. yo creo que a nuestro hijito le gustaría. y a su mami marta, tan apegada ella a las viejas costumbres, también.

miércoles, 13 de enero de 2010

tu puedes

breve anotación antes de salir hacia el gimnasio: estoy empezando a mirarme otra vez en mi espejo y entiendo que necesito anteojos. Me falla la capacidad de autocrítica y entonces paso de la euforia al abismo sin más trámite que un falso rechazo. Siempre estoy esperando que me descubran, o temiendo ser descubierta. Suena igual, pero es en ese arco donde el vaivén de la ilusión y la caída se dan de cabeza contra sus propios límites. El trabajo es poder trazar el surco en el medio sin perder la confianza de que hay algo que sé y que puedo amasar, acariciar, dar forma. Pero sobre todo, tomar conciencia de la necesidad de poner manos a la obra. Estoy cansada de llorar por nada y sin embargo es lo que mejor me sale. Ando en busca de consuelo, de confirmaciones, de halagos, de palmaditas en el lomo. y nadie tiene por qué dármelas. En fin. o en principio. algo se devela en estas pocas palabras que sólo me sirve a mí. increíble, pero aun descubriendo qué quiero para mí. la vida me ha salvado de quedar a la intemperie, algún poroto debería anotar en mi cuenta por haber sido protegida. Pero no está bien confiar tanto en la propia suerte, ni siquiera en la intuición. trabajo, trabajo, trabajo. tu puedes, dicen los pastores evangelistas. yo puedo, digo en autoafirmación ridícula. por algo se empieza.