jueves, 13 de noviembre de 2008

noche de brujas

Hoy es luna llena. ayer, cuando todavía le faltaba un resto al plato de plata de la luna sobre el río de la plata fuimos hasta la orilla para verla salir. Nos sorprendió ya sobre el horizonte, gigante y coqueta sobre su espejo de agua, blanca nacarada cuando el sol todavía competía con su recato, brillante, refulgente cuando la noche le hizo gala.
Y bueno, estoy cursi, sí. Tengo la boca llena de adjetivos, llena de deseos, llena de saliva, llena de besos.
estoy a la deriva, navegando las grandes aguas de la espera con un remo de paciencia flojito como si fuera de junco.
ayer le rezamos a la luna para que nuestro niñito por fin se haga ver, para que sea sanito, para que llore fuerte y mame con ganas.
quisimos concentrarnos sentadas en el pasto, viendo como la plata se derretía en el río.
pero otro presagio de lo por venir se impuso. alguien tiraba petardos, las perras se asustaron y se nos venían encima. Mala, la negra no tuvo mejor idea que sentar sus reales sobre nuestras manos enlazadas, había encontrado ahí la hamaquita de oro de los cuentos infantiles. nos morimos de risa. pero así son los momentos sagradas, risas que se desgranan frente a la voluntad de modelar las cosas a nuestro gusto. ¿qué otra cosa son los hijos si no la sorpresa de desbaratar los planes a cada paso, a cada llanto, a cada risa? Está por abrirse la caja de pandora y un gusto ácido en las mandibulas, como ese que queda después de la carcajada, me llena otra vez la boca.
hoy es noche de brujas, hoy cambia la luna, hoy es trece.
mami se despertó con cara de parto, pero ya sabemos cómo es; estamos a la deriva de lo que el destino disponga cantando en silencio como ballenas en la profundidad de las grandes aguas de la incertidumbre y la espera. pero esta espera también es presente y en este presente hay una casa llena de flores y un sol amarillo que no cesa desde hace una semana. yo me desperté tratando de inventar la canción de nuestro niño. Niñito querido, niñito encontrado, vení a nuestra cuna, vení a nuestros brazos, aquí te esperamos, henchidas de todo, el amor de dos madre, las colas de las perras como sonajeros, la luna de plata para que te mires en su espejo, unas gotitas de lágrimas bendiciendo tu frente, unas tetas llenas para tu propia ansia. Niñito querido, niñito encontrado, niñito de luna, te estamos esperando.

martes, 11 de noviembre de 2008

El once

fue lo primero que pensé en cuanto abrí los ojos: hoy es once. Y sin embargo el ansia sigue allí, ya no como el eco de los días si no como un latido intenso, arrasador; una marea. Es como un gusto en la boca que deseo y desconozco; algo que beber, algo que comer, algo que disfrutar. lo siento en el aire como un presagio -qué viva, vaya presagio tan anunciado. Si pudiera no dedicarme a nada más que estar en casa, arreglar las plantas, caminar un poco, abrazarnos fuerte; si fuera así tal vez el ansia no sería esta dentellada que me obliga a correr hacia ningún lado.
El once el 0 redondo como un huevo marcó el final de la cuenta regresiva. el once despertamos en nuestra cama como un nido, rodeadas de almohadas y nuestra perra negra que, como si supiera, sacó sus genitales de bajo la cola y ahora los lleva expuestos como una flor que deja sus gotitas rojas por toda la casa. Ella tiene un celo díscolo, aparece después de unos días de ir al parque con cierta regularidad; si no, puede pasar un año sin enterarse que ya no es una niña perra, porque decir cachorra es poco. Una niña perra que duerme con la cabeza en nuestra almohada cuando se pasa a la cama grande por las mañanas, que sabe pegarse bien a nuestro cuerpo -al que tenga disponible- como si hiciera cucharita y que ahora huele las piernas de mami con una extrañeza que nos dice que puede ser en cualquier momento. Que puede ser, que ya está, que la cuenta llegó a cero aunque nuestro hijo se haga desear y siga nadando en su vasija, tirando patadas en mi espalda, anunciándose como una ola que se forma en la panza de mami y que es tan fácil ver incluso desde lejos. Estamos forjando la paciencia. En eso estamos

jueves, 30 de octubre de 2008

el ansia

Hoy ha sido un día intenso. Anduvimos por la montaña rusa de emociones encontradas y aunque deseo dejar un registro algo se agita en el pecho, como un aleteo, como si estuviera avistando lo que va a venir y a la vez tratando de mirar hacia otro lado, como para que la ilusión no se engolosine, menos ahora que mami no puede comer dulces. Es inminente y la palabra rima con urgente. y no hay paciencia que alcance. tengo que moderar el tranco y lo único que se me ocurre es decir mordisco, porque estamos a punto de dar la dentellada, de sentir en la boca el jugo de la vida misma, de jugarle la pulseada a la muerte y salir airosas como las guerreras que somos. hay un tiempo que se acaba y otro que está por llegar, en ese borde se cuece la ansiedad y la lágrima, se licúa todo mi amor, lo que no somos vos y yo y el hijo que está por llegar cuando decida abandonar el interior de tu cuerpo. y cómo pedirle que lo abandone, yo no podría. aunque me digas lo que me digas. aunque creas que estoy lejos y disponible para cualquiera que no seas vos. me obligo, te lo aseguro. me obligo a asegurar unas pocas cosas para que podamos detenernos en ese interrogante que se abre como una promesa. para acomodar los palos de nuestro nido. para dejar que la cabeza se despegue y sólo sobreviva este latido, esta promesa, este intervalo increíble que en cualquier momento nos devolverá otras. vos y yo y boro, sea cual sea su nombre. hoy te ví acostada frente a la partera y no pude menos que saborear lo que se viene, tu cuerpo en erupción, tu adentro abierto como una flor como un cuenco como una boca que va a decir las palabras impronunciables, las que sólo admiten gruñidos y gemidos, las que van a iniciar el resto de nuestra vida. me voy a vestir, hay un trajín que nos espera, como siempre. pero aun en medio de otra agitación, de cualquier agitación, el latido, el pulso, la sangre, la vida, nuestra vida.

lunes, 29 de septiembre de 2008

A veces siento que tengo el cerebro vacío: una línea plana recorriéndome la frente, un silencio entre las orejas que no se parece en nada al que viene de la calle. no son días fáciles cuando me sucede porque entonces aparece la pregunta de siempre ¿qué será de mí si nada sale de mí? si no encuentro historias para contar si no creo que haya palabras dignas de ser dichas.
también es cierto que la dicha prescinde de las palabras, se despliega sencillamente, se traga el tiempo que se traga y ahora no es momento de aceptar devoluciones; que el tiempo de la nausea ha pasado y si vuelve que sea por la canilla abierta de mis broncas y dolores.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Ay, querido Boro, si supieras el ánimo trágico que suele envolver a la segunda de tus madres. Me voy enredando, enredando, y me envuelvo en una maraña de pensamientos oscuros. Lucho a brazo partido para no sentir que el mundo está en mi contra, que nunca llego (o mejor, me quedo) donde quiero estar, como quiero estar. Y de pronto me llama Clara y por el método más mezquino y más trillado digo, qué boluda. Para que entiendas, Clara es una mujer que conocí en la cárcel de Ezeiza, donde pasó nueve años, y que camina ayudada por dos bastones y su voluntad; si no, hace rato estaría en silla de ruedas. Es abogada y escribana, pero no puede vivir de ninguno de sus títulos por el problemita de la cárcel. Encima me llama con culpa por no haberlo hecho antes. Culpa mayúscula de mi parte, que la visité mientras escribía su historia y nada más.
Lo que quiero decirte, querido hijo, es que estés preparado para el animó líquido de tu madre. Líquido en los ojos, agitado como el mar, con tendencia a anunciar una tormenta que no llega. Eso a mí favor, como sea, la capeo. Y que además fumo porro, y entonces se me va un poco la cabeza, como habrás notado, pero también el ánimo trágico.
Sólo para que sepas.

martes, 9 de septiembre de 2008

un tiempo robado

al tiempo que no tengo. Una anotación al pie, al pie de Jerónimo -ya veremos con qué letra se escribe- que sigue apuntando a la boca del estómago de mami y a veces me toca la espalda cuando dormimos cucharita; que todavía podemos. Lo difícil se está haciendo abrazarla. Será la altura que no me ayuda, aunque lo de la ayuda hay que verlo en perspectiva: la abrazo de frente y quedo doblada perfectamente a la altura de mi cintura y su panza y entonces la cabeza cae tranquilamente sobre sus tetas. Y qué tetas. Es que no puedo dejar de admirar su temperatura, su tamaño, su promesa y hasta esas gotitas que se escapan cuando se las aprieta correctamente para darnos la seguridad de que nuestro niño no pasará hambre.
He pasado unos días tremendos desde la vuelta del viaje al que llevamos la panza de mami y mi curiosidad natural por andar de aquí para allá, donde mami me sigue, cansada y con entusiasmo. Nada anoté de nuestro viaje a Paris, menos del paso por Locarno. Eso fue un auténtico agujero en el tiempo, como este que hago ahora, minúsculo, porque necesito que no se cierre el canal, dibujar lo que imagino, darle tamaño a la incertidumbre, saber que no se me van los días si no hay algo que retengo ahora de este tiempo que no va a volver nunca igual. Este silencio, por ejemplo, la radio sonando de fondo, yo acá sentada en el nuevo comedor de nuestra casa.
Suena trágico decir que no va a volver pero así es la cosa y no está mal aprender a despedirse de aquello que nos deja. Después sigo, espero no demorar tres meses.

lunes, 21 de julio de 2008

Hoy es Gerónimo

querido hijo: este es un apunte a las corridas que tengo en la punta de la lengua desde algunos días. No sé qué es lo que viene pasando, tal vez que estás grande y te movés en el medio de nosotras (mami dice que te gusta estar en el medio y es fácil suponerlo, a cualquiera le gustaría), tal vez cierta agitación política (sí, eso existe) que me trajo remedos de otras épocas. Lo cierto es que tengo ganas de dejar por escrito, una vez más, el orgullo que me da que vayas a instalarte entre nosotras. Que no fue azar ni mucho menos este camino que estamos alisando para tí. Que vas a llegar a una familia de hermosas guerreras -lo digo también por tu hermana mayor, por las madres que nos parieron a nosotras y que me perdone el abuelo Roberto por usar el plural en femenino, una inversión a la regla que ya va a desbaratar el muchachito que está llegando. Que hemos elegido un padre para vos, elegido entre la constelación de padres posibles porque creemos en su capacidad de amar, de sentir y de pisar por la vida con pie liviano -algo que a mami y a mí nos cuesta tanto. Que ese es un bonus track para vos y sólo para vos, nosotras estamos tan bien en nuestro huevo, tan confortables, tan felices de habernos encontrado que a veces nos cuesta ver más allá de esta nave madre en la que nos embarcamos para dibujar nuestro propio y cálido rumbo. Querido hijo, hoy llamado Gerónimo, como un indio que no quiso rendirse, que se negó a desaparecer, que finalmente se entregó para salvar a los que quedaban entre los suyos, el apunte a las corridas tenía la gracia de decirte que nuestra ilusión es fundar otra dinastía, una en la que siempre las manos estén tendidas para festejar con otras, para auxiliarse mutuamente. Una en la que no sea un escándalo gozar de lo que sea, una dinastía o lo que sea, que se yo, una estirpe, que sepa que quemarse no es sólo cenizas y desaparecer si no también atravesar las llamas para revisar después el mapa de las heridas, porque vale la pena saber de qué se trata el fuego y no llorar cuando se ven los palos secos. A este nido queremos traerte, acá te esperamos con los brazos y los corazones, y el cuerpo y lo que sea necesario, todo bien abierto.

lunes, 14 de julio de 2008

inolvidables

otras reacciones inolvidables:
El padre de paputi: ¿Cómo sabés que es tuyo?
La tía paterna de mami: Entonces... vas a ser... lo que se dice... mamá.
Alice, empleada de mi tía: Pensé que era un chiste, ahora te felicito.
Mi tía: ...
Otra madre lesbiana: Lo de ustedes es muy difícil, tendrían que hacer un subgrupo (en ocasión de formar un grupo de madres lesbianas)

coming out

La panza es inocultable desde hace rato y el barrio lo notó sin decir una palabra. Salvo un gesto de nuestro amigo almacenero y milico -el joven viste uniforme de fajina cada tanto- que tomó el pack de botellas de agua de manos de mami y las depositó escaleras arriba, tuvieron la cortesía de no preguntar hasta que nosotras hablemos. Y lo hice de sopetón, una mañana que fui a comprar la leche. Es cierto que mezclé algunas noticias tan evidentes como la panza: la obra que estamos haciendo, por ejemplo, el abandono de nuestra empleada doméstica, justo ahora que viene un bebé en camino. Ah, dijo la joven almacenera, es verdad lo que yo ví entonces. Y después la pregunta del millón: ¿están contentas? ¿era buscado? Sí, claro, entre nosotras no hay accidentes, dije, fue una inseminación artificial casera, con un amigo. Demasiada información. ¿con un médico amigo? no, con un amigo que nos dio el frasquito, alguien que en el futuro será el padre.
volví lo más rápido que pude, después de las felicitaciones es justo que la sorpresa y las preguntas posibles maduren en soledad.
A la carnicera de la esquina, la que nos provee de los frescos con cuenta corriente -delicia de otro tiempo que obtengo cada vez que llego a un barrio como forma de sentirme parte-, no tuve que darle la noticia. Tal vez los almaceneros se la habían contado. Pero insistió en llamar "tu amiga" a mami. No es mi amiga, Norma, es mi esposa. Ella, como si nada, siguió contando el dinero que acababa de pagarle -buen momento para declaraciones- y sólo al terminar re preguntó: ¿qué me dijiste cuando te hablé de tu amiga? Que es mi esposa, Norma.
Ah!

miércoles, 2 de julio de 2008

Boro ha empezado a convertirse en Romeo.
Suena bien, Romeo, aunque todavía me cuesta pronunciarlo y apenas puedo imaginarme un diminutivo. Mejor, quien quiere un diminutivo que le borre el nombre. Será Romeo, con todas las letras, al menos hasta que otro nombre caiga como éste, perfecto entre nosotras, como una moneda que se cuela por una hendija imposible. Y es que cuesta despegarlo de su origen trágico, la peor parte de lo romántico. sin embargo suena bien, Romeo, si es su nombre.

culpa

El tiempo pasa muy rápido, en general. Incluso hoy que tengo el día libre, aunque tomado por la fiebre. Toda una elegancia para el malestar, sencillamente fiebre. temperatura. frío y calor alternativamente, un abandono de la voluntad que podría haber sido deseado si no fuera, en realidad, una expropiación lisa y llana de la voluntad: no tengo el día libre; lo que no tengo es energía para ejercer cualquier voluntad. Por ejemplo, lavar los platos, bañarme, ordenar un poco.
En fin, el cristianismo nunca me abandona. Otras cosas sí.

domingo, 22 de junio de 2008

A la noche

-Qué gracioso, ahora que me estoy sintiendo un chongo, tenemos una reunión con los muchachos...
-Sí, claro, sólo que a la mitad ya te los cogiste.
-Bueno, por lo menos ya me los cogí.
-Sí, cuando eras puto.
El diálogo sucedió entre mami y yo, siendo yo el chongo. o el puto, según mami y según la época. Fue justo el día en que nos dijeron que boro es un varón y hasta adivinamos la figura de sus bolitas y su pequeño pene en la pantalla del ecógrafo.

jueves, 19 de junio de 2008

encallada en tu cuerpo

Salir de la cama es un duelo. El desgarro de la burbuja de calor en la que todo está al alcance de la mano: el refugio de boro, las ancas generosas de mami donde ahora es imposible no detenerse, el aire que respira, la materia de sus sueños y de los míos. La piel de ella está mucho más tibia ahora, y además, abunda en pliegues: entre sus tetas, entre las piernas, el hueco del cuello, esa forma de ponerse a medias boca abajo y abrir una guarida por donde quisiera colarme si me alcanzaran las manos. Es tan difícil arrancarme de ahí que aunque lo haga abruptamente, como merece el dolor a sabiendas producido, igual vuelvo y me demoro en su boca, me enriedo en sus pocos pelos, me tiento con una palmada en esas nalgas tentadoras. y después salgo. Y por fin estoy acá. Sin ningún silencio porque la casa está poblada de preparativos para recibir el próximo reinado del bebé todavía sin sexo, del sexo escondido en la panza de mami. ¿Del sexo que escondo en algún bolsillo? ¿dónde ha ido a parar mi ansia de sexo? Llevo la lívido como un talismán, bien guardado entre las piernas. Un talismán-corazón que late y se hincha y que dice su nombre aunque el nombre no lo pronuncien mis manos, tan torpes últimamente, tan vagas, con tantas ganas de remolonear en su cuerpo sin buscar resultado alguno más que el de acunar el otro latido dentro de su cuerpo aunque ella me diga que ya no lo acaricio tanto, que ya no lo busco, que me olvido. Me olvido, es cierto, de quién era y de cómo era. No el bichito al que decimos boro si ni mi arte de meterme entre los profundos huecos de su cuerpo, aunque ahora que digo arte dudo de que esa sea la palabra, apenas una desesperación por tocar su propio talismán con mis dedos a veces afilados como garras (ahora los controlo, tenés que reconocerlo), que si pudiera tocarlos de otra manera, si pudiera entrar en vos olvidándome del como, a ciegas tus nervios y los míos en su diálogo eléctrico. mi líbido, envuelta de impotencia o roma, limada por el agua de la ternura, de las ganas de hundirme en tu cuerpo nada más que para descansar, para adivinar lo que vendrá, para sentir esa tibieza nueva (proporcional al descenso de mi termostato ¿te diste cuenta?), para comer de la fuente de tu alimento, el que va a venir, el que se está preparando.
Hace frío en casa, los preparativos para el futuro reinado han cortado el gas y apenas si pude calentar agua para guardarla en un termo. Es el día en que el frío ha tapado también el sol que hasta ayer parecía blindado en su amarillo niebla de la mañana y hoy nada. Voy a prender el fuego en el hogar y tal vez pueda encender otro sacando chispas a este talismán que late tanto como se esconde en algún rincón de mi sexo.

jueves, 29 de mayo de 2008

La familia


Ayer vino de visita la sobrina Jade, nuestra preciosa nieta, la niña de la sonrisa incandescente. Tal vez esta foto no le haga justicia, pero ya lo dice ma, lo mío no es la fotografía.
hay algo que se reblandece dentro de mí cuando viene Jade. Y a la vez una cuerda que se tensa, se templa, el soporte flexible de un arco que me da la seguridad de proyectarme hacia delante aun sin saber que hay delante.
Aprendí que adelante se dibuja aunque siempre estemos llegando. Aprendizaje básico, si los hay, pero no por eso menos necesario.
Mi caja de lápices es un poco monocromática, es cierto. Suelo arreglarme con el negro de la tinta, aunque ese negro sea un aliento para mi sed que no sabe cómo saciarse. Si pudiera elegiría modelar casas de palabras donde Jade pueda jugar y un campo abierto donde mami pueda galopar como a ella le gusta, altos pastos de palabras para que vaya imaginando dónde poner su cámara, cómo estrujarnos el corazón y arrancarnos la sonrisa como ella sabe; con un brillito en los dientes cuando le da el dol o la gracia de haber descubierto que hay una vibración compartida. Y también haría, si pudiera, una cama elástica para mi hija Naná, para que se anime a saltar y a diseñar su propio cielo, ese que todavía no conoce ni adivina. ¿y para mí? para mí la tinta, el lubricante necesario para desatar el nudo de la garganta ese que se ata con la constatación constante de los ciclos que se despliegan ante mí antes de que pueda imaginarlos aunque después camine por ese margen como si conociera perfectamente el terreno.
Ahora, por ejemplo, veo a mami moverse a su ritmo, decidido, enérgico, un poco enfurruñado, una piedrita de tristeza en el pecho; pero activa, subiendo y bajando, ordenando nuestra casa, abriendo el ánimo a las ideas que la rondan. Y entonces qué más que rendirme otra vez a esta prueba de la vida se inclina a mis pies aunque yo me ahogue en el latido de mi tinta mientras intento despejar las palabras a brazadas.

jueves, 22 de mayo de 2008

manifestaciones boráticas

el miedo no puede evitarse.
apenas puedo nombrarlo y para qué si después me da miedo haber convocado a los fantasmas
boro no me habla,
lo persigo y le hago olas, a ver si se anima a darme
una caricia un gesto un hola mami aquí estoy
y ya se que ahí está y lo invento todos los días tal vez lo veo asomarse en la sonrisa de mi amada en el sueño que la deja blanda sobre la cama
unos días y otros en el espejo sopesando el volumen de su perfil

martes, 13 de mayo de 2008

champagne

mami no puede tomar champagne, enseguida le da acidez.
papi toma una copa de champagne y se emborracha.
yo, en el champagne de anoche, puedo hundirme y navegar.
pero, apenas unas cuantas brazadas; el ancho mar se aloja últimamente en mi cama y llegar no es fácil si una se sumerge en el primer líquido que encuentra.
No es fácil tampoco resistirse; esa promesa de deriva del alcohol parece prender lucecitas en el horizonte y a mi vaso me aferro como al mástil aun antes de cualquier tormenta.
mami es mi boya en medio de las grandes aguas y a su sonrisa me dirijo y a su bostezo me rindo.
Así fue que entonces, una sola botella de champagne entre los tres para nuestra noche de convivencia familiar, la primera desde que boro es un hecho ¿un hecho? Es más que eso, lo vimos el lunes, desperazarse y patalear, su columna incadescente y su fémur de un centímetro de largo, siempre de espaldas a nuestra indagación, no mostró la cara pero su mano se extendía por encima de la cabeza. Qué decir, Boro late con rugido de león y seguirá siendo boro, así, sin sexo ni género, el habitante de las profundidades de mami aunque las profundidades están emergiendo y ya caben en la palma de mi mano cuando dormimos abrazadas.

la cuestión es que nos juntamos los tres a la hora señalada, puntualidad meridiana, mesa tendida apenas entramos, nuestra comida favorita -a los tres nos gusta el sushi, a pesar de su fama tilinga. Así era el plan: comer y salir al swinger gay en feliz armonía, no del todo seguras de que los muchachos nos franquearían la puerta. por suerte Lux, alter ego de sexualidad descontrolada, ya había abierto paso para que nos tendieran alfombra roja. ¿para qué ir al swinger gay? pregunta de respuesta abierta aunque puedo arriesgar algunas: papi quiere convivencia en terreno seguro lejos de la famosa "heteronorma" que ahora todxs nombran sin terminar de entender. papi suele hacer invitaciones de ese tipo, como ir a playas nudistas -quería que consumáramos nuestro matrimonio visual-, o a quintas ídem. al final lo llevamos al Cabo, nuestra playa torta, casera, semi nudista y con poca histeria de la cual huyó con rumbo a Chihuahua en busca de una mirada libidinosa que le calme un poco el hambre.
como única respuesta, mami dice que él es caprichoso y yo lo consiento.
como última respuesta yo creo que es la manera más extraña de mantener sexo entre nosotros, sexo que de a tres no está en nuestros planes tener aunque papi nos mire arrobado cuando nos damos besos y lo dejemos listo para dejar caer la toalla que le cubrió sus partes esa noche de convivencia familiar en la que nosotras fuimos pudorosamente ocultadas detrás de unas plantas creo que artificiales mientras veíamos pasar hombres de todo tipo y edad con sus toallas o batas bajo luces de colores incadescentes, al costado de la pileta climatizada en la que algunos ponían a flotar sus trompitas.
nosotras nos fuimos y lo dejamos; y él, dice, se fue enseguida. total el objetivo estaba cumplido.

sábado, 10 de mayo de 2008

sábado

Justo cuando empiezo a pensar que el sillón es el paraíso tengo que pararme porque Mala golpea la puerta y después porque se acabó el disco. Efímero, como todo paraíso, el sillón de todos modos está ahí para volver a abandonarse a la gracia por un rato.
Desde el miércoles que no voy a trabajar y nada se ha venido abajo. Al contrario, el viernes vino a visitarme mi descendencia y me sané de una gripe o algo así. Tres días en casa, cerca de mami, lejos de la Institución -al trabajo igual lo estuve esquivando, como siempre que trabajo; cerca y lejos, un poco de culpa, un poco de omnipotencia-, en otro de los paraísos disponibles: casa.
Tiene su dificultad andar encontrando paraísos en cualquier rincón; se roma demasiado el ansia de buscar y así, decir yo se complica. Yo, la escritora en potencia a mis cuarenta; sin obra y sin planes, con un deseo que murmura en mi oído señalando a ningún lado.
En realidad el problema no es de los paraísos si no de la pulsión por encajarles su cabina de peaje, su obligado confesionario donde se administran las penitencias necesarias antes de entrar.
En fin, decir yo se me complica como siempre. como si yo tuviera que ver con una biografía legible.
Cuando pienso en un hijo o una hija, pienso en ver el mundo otra vez con sus ojos.
¿Y que le van a mostrar los míos? ¿que verá a través? ¿que ha visto hasta ahora mi hija? ¿qué fuga les abro?
Una mujer un poco loca y emocional, capaz de comerte a besos, de honrar al cuerpo, al ilustre devenir de los días, al amor que todo lo mueve... ¿incapaz de hacer lo que quiere?
¿Y qué quiero? ¿es lo que quiero o lo que debo o lo que creo que debo?
Últimamente siento que hay algo en mí que se ha nublado con los años, como un vidrio rayado, uno que tengo que pulir para poder ver otra vez yo misma a través. Despejar la maraña de mis pensamientos y hacer lugar para lo que se avecina, preparar una voz para poder cantar, para poder escribir, para poder acunar, para besar.
no es fácil asistir a la concreción de los sueños.
Tal vez debería -vaya palabra- abandonarme a este paraíso, empezar mis clases de canto, masajear un poco el cerebro primitivo y honrar este beso que me da la vida, así, con la boca abierta.

martes, 6 de mayo de 2008

accesorios

Los anteojos le dan a mami la posibilidad de mirar con toda la cara. Será que ese tamaño que tan bien se amolda al mío -sobre todo cuando estoy sobre mis plataformas y entonces puedo encajar su cabeza entre mi cuello y mi hombro y sentir su respiración y el olor de su pelo y su espalda dentro de mi abrazo, todo su cuerpo pegado al mío-; será ese tamaño, decía, lo que hace que se asome al mundo como si siempre estuviera mirando al cielo, dispuesta a la caricia del sol. Hablo de los anteojos de vidrios blancos, los anteojos "de ver" diría mi abuela (de cerca o de lejos, para mí eran de "verde" lejos o de "verde" cerca). Esos anteojos chiquitos y de otra época que creo tienen bastante que ver con que a veces -demasiadas- la confundan con mi hija. No tiene edad para serlo ni yo para ser su madre. Que conste en actas, apenas nos llevamos 6 o 7 años, según la época. Pero es que ella se acostumbró a mirar así con sus anteojos y al mirar con toda la cara la sonrisa se va hacia delante, como si la ofreciera, como si tuviera que llegar antes esa sonrisa capaz de disolver la piel de erizo que a veces se calza y hasta el ceño de su frente marcada por ese enojo que le causa pensar y pesar.
Cuando conocí a mami no usaba anteojos. usaba gorra. O gorras. Gorras que la hacían ver a mis ojos más directora de cine todavía. Gorras que le daban un aire prescindente, algo masculino -hay que agregar a la gorra su chaleco negro, sus zapatillas plateadas; sus zapatillas, en general-, mundano. Las gorras imponían una distancia física para mí que sólo quería hundirme en su boca sin terminar con la viscera en el ojo. Aprendí a atravesarla y mami se cansó de las gorras, las boinas y hasta de las hebillitas que cada tanto se ponía, sobre todo al principio, cuando empezó a dejarse crecer el pelo. A veces extraño esa manera de mirarme desde la sombras, echándose un poco hacia atrás sobre su mesa de bar -ah sí, íbamos mucho a bares y restoranes, costumbre que mantenemos aunque ahora nos guste casa cada vez más- como si me desafiara a ir a su búsqueda. Yo no podía ir, yo estaba ahí, pegada a su aliento, con sed de una gota más de su deseo.

No puedo decir que haya una relación directa, pero ahora que mami mirá así, con sus ojos y su boca, sigo deseando sumergirme en su pozo, ese hay que detrás de su cara vuelta al cielo. Pero a la vez no puedo evitar abrazarla, sentir su piel, catar la envergadura de sus cambios. El cuerpo se le ha vuelto más rotundo. De su tetas no puedo hablar sin apretar un poco las piernas. Hay algo más sólido en ella ahora que boro la habita y que la vida se abre como una pregunta permanente. Ella le tiene miedo a ese blanco sobre el que no se escribe ninguna película. por ahora. yo la veo expandirse y florecer, veo en el fondo de sus ojos un remolino que desata las tormentas. veo el interrogante que no necesita respuesta si no el ansia de buscar, de seguir buscando.

miércoles, 30 de abril de 2008

Boro saltó el cerco

Boro ha dejado de ser un secreto. su ingreso en la semana doce lo ha salvado de vivir atrapado por nuestro silencio. Aunque, tengo que decirlo, la noticia se fue filtrando como agua en la tierra, deseada y necesaria, una caricia que a veces se puede dar, sobre todo a quienes entienden que lo que estamos dando, en realidad, es una historia de amor que se tiende, un invitación a compartir los revolcones -bueno, no todos- que sobre ella se pueden dar.
hasta ahora las reacciones han sido diversas: hubo quienes se taparon la boca para no gritar -es que hasta ahora no se podía- mientras yo veía en los ojos una sucesión desaforada de palabras e ideas y quienes no dudaron en colgarse del cuello y estampar sus besos y bendiciones en la mejilla disponible. Estuvieron quienes se quedaron en silencio a la espera de entender si la noticia era buena o mala, si yo estaba tan contenta como mami o habíamos cruzado espadas en un duelo de infieles que dejo "eso" entre nosotras; quienes pusieron a revolear sus ojos entendiéndo súbitamente que la competencia madre hija al fin había mostrado la cola -claro, como soy abuela, ahora quiero ser madre otra vez... Y quienes, sin atreverse a preguntarlo claramente, exudan intriga por "el mecanismo". ¿Tiene padre? ¿se echaron un polvo? ah, no le se lo echaron, qué boludos ¿fueron a un médico? ¿y cómo? ¿adentro? ¡¿tan adentro?! No, pero pará, no entiendo... ¿qué parte no se entiende, la de cómo se hacen los bebés?
También estuvo en el coro de voces la de una amiga canadiense que me preguntó si había sido planeado. Cuando le contesté que sí, obvio, largó la carcajada. Ella no podía saber que ya me lo habían preguntado en serio.
Y todavía faltan por lo menos dos tíos, una tía abuela, unos cuantos y cuantas amigas y el ancho mar a dónde planeo lanzar la noticia para que la noticia me reciba antes de que sea un bollito entre mis brazos justo con los primeros calores de la primavera.

lunes, 21 de abril de 2008

lo que sé y todo lo que no sé

una lista corta y otra larga, plagada de razones para el miedo, aunque el miedo apenas necesite de sus razones.
Sé que está sucediendo lo que deseaba. y sé que lo deseaba aun cuando el no titile desde el fondo de mi conciencia, aun cuando sienta que abandono el agua en la que flotaba por una vez, sin temor a la deriva.
Sé que sucedió cuando por fin -por una vez- inventamos un mundo propio y un código de mensajes para que acompañen el viaje de los emisarios al vientre de mi amada, cuando la risa y la emoción me sirvieron la conciencia de que lo estábamos haciendo juntas, las dos, tomando el camino de la euforia y la emoción.
Sé, me acuerdo, de que estaba muy nerviosa ese día, como si fuera la primera vez en que nos íbamos a encontrar desnudas, de frente a la chance de darnos amor y placer, de fallar en el intento y de seguir hasta conseguirlo. Me acuerdo, estaba tan nerviosa que sentía un temblor en las plantas, que la ciudad y sus caminos se me hicieron desconocidos, que la oscuridad o el escaso placebo de la luz artificial no lograron devolverme la calma.
Sé que pierdo mi lugar en esta historia, que extraño a mi novia algunas noches y algunas tardes y algunos mediodías, que me pone celosa descubrir lo impenetrable de su burbuja, ella y su cuerpo y el hijo que se forma y sus innumerables secretos.
Sé que quisiera unos brazos interminables para abrazar su cuerpo y su panza y las oscuridades que la alejan de mí y curar su orfandad y la mía y meterme en esta historia con el nombre que no sé y que reclamo.
Sé que soy mujer, que he parido hace tanto tiempo, que tengo un cuerpo que se expande y que busca en los pliegues de la memoria y que entonces me creo que puedo forjar esos brazos para sostenerla y sostenerlo y sostenerme y que eso será sólo a pedido y que mientras tanto me queda esperar y ordenar y disciplinar lo que no sé, lo que no puede ser dicho porque está en la sombra, lo que tendré que aprender, lo que me espera.

martes, 15 de abril de 2008

habilidades

a papi le gusta colgar luces de colores del techo y hacerlas girar, confundir a la luz en instantes más breves que parpadeos, hacer que la música tenga su propio paisaje. No es un truco si no una caricia para quienes buscamos un horizonte donde ofrendar la sonrisa que sobra en la cara cuando no tiene destinatario.
a mami le gusta dar zarpazos desde la pantalla, punzarte la panza hasta que sea necesario protegerla con las dos manos del embate que no cesa hasta que ella lo decide. por suerte, lo decide, por suerte el alivio llega junto con su sonrisa de un millón de dientes que dice: ¿lo hice de nuevo? ¿no?
a mí, me sale arrancar lagrimones. no sé si es mi alma de bolero o un atajo a los corazones ajenos.
esta enumeración caprichosa no habla de los cruces entre los tres. no dice de una boca abierta que vomita rabia ni de algunas noches escribiendo dormida ni de la tapa de un libro que hace cosquillas en la yema de los dedos ni de dos días en Cabo Polonio al principio de esta historia, ni de las broncas y los placeres después de cada fiesta. Mucho menos dice de lo que todavía no ha sucedido ni de lo que se está gestando, dentro de mami y en cada uno.

jueves, 10 de abril de 2008

boro en su jardín

A él se lo ve muy guapo en nuestra ventana aquí al costado. Sereno y cómodo en su burbuja, ya con una nariz que parece eso, un ojo y hasta unas aletas que con amor se ven como manos.
Mami no está tan cómoda. En realidad, está tomada: alergia, sinusitis, vómitos.
No puedo entristecerme, apenas preocuparme ¡está ahí, es un hecho!
¿qué clase de embarazo es uno sin molestias?
sólo para ir entrenando la renuncia, la explosión de nuestra bella burbuja, las imposiciones de ese gusano de centímetro y medio que ya reclama atención y compromiso permanente.
Boro en su jardín siembra lo que será.
Su jardín, mi amada, preparándose para el otoño y el despojo del invierno.
Le duelen las cicatrices, que graciosa. Siempre duelen cuando alguien las besa. Es el contraste tal vez, entre la caricia y el dolor que advierte desde la marca en la piel: cortar es fácil, reunir nunca es suficiente.
Las cicatrices son una rebelión permanente de la memoria: una inscripción sobre arena por más que el rastro sea permanente. ¿Aquí dolió? ¿este fue una llaga? ¿hurgó mi dedo en esa boca? ¿por qué no puedo seguir escarbando, qué fue de aquella hondura?
Sólo una línea en lugar del dolor, un borde apenas dentado que reclama su protagonismo, el de aquella que era cuando tuvieron que socorrerla.
boro en su jardín tira de los hilos que sostienen la tierra. desde adentro, tira y se estira, desde adentro sabe ver dónde poner su aleta como una manito.
De su mundo marino a esta tierra, un resto de agua para calmar la sed del tiempo en que dolía.

miércoles, 9 de abril de 2008

el principio (un poco más atrás)

Hoy boro se ve sereno y muy guapo en su pompa de jabón. ya perdió la cola y se insinúan unas manitos como aletas y hasta una nariz y un ojo. cuando lo vimos en la ecografía no se mostró demasiado, tal vez porque mami tenía la vejiga llena y él es tan diminuto que no podía atravesar las grandes aguas. Lo escuchamos latir a máxima velocidad y a mí, como siempre, me dieron ganas de llorar detrás de la médica que no hizo ningún problema en que entráramos juntas (no tenía por qué hacerlo, es la paranoia). No sé si esto terminará publicado en abril o como una entrada nueva, lo malo de que aquí no haya páginas que dar vuelta es que se organiza a su antojo y entonces adiós a la cronología, al relato, a toda esa costra de la que tanto me cuesta desprenderme, sobre todo porque no veo la razón para hacerlo. También he notado que boro no se queda quieto. Al momento del encabezado lo veía muy guapo con sus nueve semanas. Esa imagen ya no volverá, ahora tiene aspecto humano en su semana trece aunque su tamaño no excede el de un chocolatín jack. es un embrión con un nombre de fantasía, un embrión como un gusano en su crisálida alimentándose de mami y de nuestro deseo que lo nombra por fuera de sí, que le abre espacio, que todavía no puede ser imaginado del todo. Estamos, lentamente, inscribiendo un hijo, tal vez una hija. Estamos acuñando el nombre que todavía no existe. Estamos inventando para quien venga un lugar en el mundo. Este es un principio.
Hubo más. Hubo una noche en que los tres tomamos una pastilla y bailamos bajo la luna llena, al lado del fuego, protegidos del viento por unas mantas que dejaban su estela en la noche. Lo hicimos en el mismo lugar donde antes, dos días antes tal vez, mami y yo pedimos permiso a la tierra para abrir su boca, la alimentamos con las cosas que nos gustan, le dimos tabaco, porro, whisky, chocolate, la comida del día, un corazón rojo, una lágrima rebelde que quiso caerse ahí, un caracol, alguna página en blanco. Tal vez ya conté de esa noche. Tal vez la memoria me pide que vuelva sobre ella porque esa noche, esa noche en le dimos a la tierra lo que nos faltaba -la comunidad, el baile- nuestro deseo se escapó de la perfección técnica, de la aplicación mecánica, de la ovulación, la estimulación, la inseminación. Esa noche hicimos un círculo y deseamos que suceda. Esas dos noches, la de la ofrenda y la del baile, rezamos. Y aunque faltaba un mes para que boro empezara a instalarse en el vientre de mami, esa noche empezó a gestarse.
A veces papi insiste para que el relato del principio se aloje ahí, en esos tres días de playa a donde él voló para encontrarnos. Tres días en que morimos de risa al punto que mami escupio lo que se le daba aun cuando todavía no sabía que tendría que aprender a soplar por la vulva. Tres días, dos pruebas, una fallida porque papi estaba cansado de arreglárselas solo con sus porno.
Nosotras también creímos que sería entonces. El sitio en el que somos felices, un horizonte de 360 grados de testigo, los tres en un espacio inmensamente abierto y a la vez tan cerrado como el huevo que intentábamos formar. No fue entonces, ¿o sí?
En la playa rezamos, en el telo lo hicimos ¿no es un excelente comienzo? Acá, todos los días, esperamos.

miércoles, 2 de abril de 2008

el principio

A los tres nos cuesta recordar cuál fue el verdadero principio de la aventura boro.
Yo sé que al principio estuvo el amor. un amor arrasador como un fuego que me dejó en blanco y me obligó a escribirme, otra vez, de nuevo. sobre las mismas cicatrices, yo, nueva.
Algunas marcas visibles: el pelo y las uñas cortas. Otras, las mismas, esa pasión por arrojarme a la hoguera y en medio del incendio ponerme (ponernos) a reconstruir el nido.
El miedo, es cierto, me trae nostalgia por las naves quemadas. Pero qué importa si el mar es tan ancho y la historia me enseñó a nadar.
También se que al principio estuvo el deseo de mami. Y el mío, más díscolo. A veces sí, a veces las ganas de cerrar la burbuja en nuestras noches a la deriva, en los derrapes de a dos, en los viajes prometidos.
Y sin embargo, el deseo de mami, y el mío, tan díscolo; ninguno se dio tregua.
Fui yo la que eligió a papi, yo que tengo que inventar mi lugar en la historia aunque deseo otra voz que me diga mamá tanto que no dudo que voy a merecer esa caricia.
No quería una incógnita sin solución en esta historia, quería en cambio un amor multiplicado en chances que ni siquiera conozco pero puedo imaginar.
Mami, por supuesto, estuvo de acuerdo. Y papi, creo, se sintió honrado, después asustado, nunca un paso atrás.
Es mágico ver cómo se combinan las fantasías privadas en un gusanito que late como una vibración poderosa perdido en el cuerpo de mi amada.
El principio de boro fue el amor y el deseo y las visitas al médico y la palabra dicha más de una vez y las preguntas y el médico que hacía su negocio y el ritmo del cuerpo de mami y las películas porno que papi ve para poder entregarnos su donación.
Fue más de un año entre una cosa y otra.
Fue una noche de amor, de sexo y sí, también de alcohol cuando finalmente chocaron los planetas. O se pusieron en línea, porque fue una noche de eclipse, de luna roja que no vimos porque estabamos muy ocupadas en traer el cielo a un cuarto de telo con hidro y plasma para también tener nuestras propias porno que ni siquiera miramos.
Después comimos unas pastas junto al río. Y por primera vez, dice mami, yo dije que no tenía dudas, que quería, que deseaba, ver el mundo otra vez de la mano de un niño o una niña a quien pudiera mostrarle también lo aprendido. lo que duele y lo que acaricia. lo que esta y lo que falta. lo que nunca sobra. lo que siempre falta.
boro nacerá con dos madres, un padre, una hermana de 21 y una tía de un año y medio. me van a perdonar el resto de las tías y los tíos que los deje para otra vez, así es la prepotencia de la primera persona.
el principio, igual, todavía está escribiéndose, igual que yo que nunca termino de encontrar la letra justa.

jueves, 27 de marzo de 2008

jueves

mejor todavía que el viernes, hoy es cuando la cuesta empieza a bajar.
mañana tenemos nuestra primera visita a la obstetra, hemos contado los días en secreto para saber qué pasa dentro de mami, para saber que boro existe y se mece indiferente a nuestra ansiedad.
no tengo muchas más palabras. las justas me sobran para que se me frunza la cara mientras escribo.
decir obstetra o decir mami.
darme vuelta en la cama y recordar que boro espera su turno para latir entre nosotras.
decir nosotras.
por más que pujo por seguir apretando las teclas las palabras se avalanzan y me dejan muda frente a la ventana de la cocina que ya es verde como queríamos hace unos años, cuando plantamos los gajos de la enamorada del muro.
el tiempo puede ser un aliado del deseo cuando éste se da chance de extender sus raíces. hundirse en el tiempo con quien hace una flexión y provoca el salto.
¿nada más que eso? ¿esperar y no desesperar?
de ningún modo.
no he estado esperando. al contrario, he ido modelando un presente cada vez por que si de algo puede jactarme es de ser precavida. es la mirada sobre el hombro la que dice que el tiempo cuenta. que podría rastrearse un sentido para la sucesión de pasos que se imprimen a veces uno sobre otro.
Esto que tengo se parece a lo que quería.
Lo que viene es lo que quiero.
lo demás, seguiré modelándolo.

jueves, 20 de marzo de 2008

después de la lluvia

la azalea acaba de revivir. ayer cuando me fui estaba mustia, esa azalea me extraña, suele decir mami. Ahora la veo desde la ventana, las hojas enhiestas, los pimpollos desorientados a punto de estallar en otoño. ya no sé a qué responde el ritmo de esa planta. a lo mejor mami tiene razón y por algún vericueto me sigue. hoy despertar no fue como trepar desde un pozo ciego al que en plena vigilia se desea volver. porque era oscuro, porque no era cruel como lo que puede escucharse en el teléfono justo cuando la escucha está necesitada. pero eso fue ayer. hoy la azalea revivió y yo a pesar de haber soltado el abrazo de mi amor antes de lo previsto estoy muy bien en este silencio. casi consigo desprenderme del monotema, darle a la fantasía un poco de rienda; arre, arre caballito donde el pasto está crecido, por ahí donde no veo donde se apoyan los cascos. si ella me lleva puedo cerrar los ojos aunque vaya cabalgando, pintarme de atardecer naranja aunque después recule con los terneros que me hacen frente. recule de a pasos más cortos, para no alertar a quien pueda perseguirme, a sabiendas de que aquí nadie puede perseguirme. es el reflejo de ponerme a su sombra y aprovechar para verla arremeter contra ningún fantasma, solamente desplegarse, gritarle al viento para que le devuelva
su propio aliento
ella, su aliento, el campo

miércoles, 19 de marzo de 2008

la restricción

ahora mismo pienso en fumar un cigarrillo y no tengo y entiendo que es acertado no tener porque si no ya lo hubiera encendido. la restricción es un corsét que me mantiene erguida y un tanto asfixiada. No está mal poder guardar algunas palabras, ahorrar los gestos que conozco, intentar inventar otros que me permitan darme cuenta, otra vez, cuál es el tamaño de mi presencia en el mundo: invisible. una muesca sobre la corteza de un cáctus, ni siquiera está destinada a durar. no es un lamento, es un aprendizaje que a veces se sumerje en el olvido, otras en vahos de alcohol enardecido que me hace crecer un tocado como una cresta de plumas, como si tuviera credenciales para andar interrumpiendo conversaciones y relatos con los míos, mis adorados relatos, los mismos de siempre. Estoy siendo implacable, estoy triste. por suerte tengo mi secreto, acá a mi costado. un secreto siempre embellece a una boca bien cerrada. y además me obliga a obviar los cigarrillos, a contener el gesto, a beber de a sorbitos. un horizonte es necesario cuando es difícil mirar alrededor sin que se enciendan las alarmas. sería bueno hacerse invisible, esconderse como hace boro en el cuerpo de su madre hasta que esté fuerte, hasta que pueda saludarnos, hasta que podamos escuchar su corazón como ahora escuchamos nuestra ansiedad, nuestro deseo.

miércoles, 12 de marzo de 2008

máxima exitación

mami no está y la foto del boroto apenas cambia en un día. ¿qué hacer con el ansia? anoche la ahogué en unas latas de cerveza y un poco de baile entre jóvenes que podrían ser los hermanos menores de mi hija mayor (¡voy a ser madre de nuevo! ¿no es increíble?) papi volvió de viaje y apenas se bajó del avión compartió el exorcismo de mi ansiedad y la locura de saber que sigue creciendo y que mami está tan lejos pero cuidándose. la vida es un sinuoso camino de montaña que regala paisajes nuevos todo el tiempo. sí, soy cursi, pero hay que tener el corazón hinchado como lo tengo, hay que guardar en la memoria una noche de eclipse eclipsada por el amor entre las sábanas y los regalos de paputi viajando hacia dentro de mi amor.

lunes, 10 de marzo de 2008

justicia

dado que este es un espacio clandestino, sólo ella y yo sabemos de qué se trata voy a pasar a la intimidad rápidamente: ¡gorda, me veo muy fea en el espejo!
ya sé que me lo merezco, por haberte dicho pinchuda ahora parezco un puercoespín inofensivo porque encima se me enrulan las puntas pero sólo las puntas del casquito que me dejaste como recuerdo antes de irte de viaje. ya sé que yo te pedí; y no sólo eso, después también tijeretee en el más literal y aburrido sentido de la palabra.
pero la verdad es que si reincido esta vez, otra vez, mientras tengo que trabajar es porque pinchuda o no, la vida está lejos de ser difícil a tu lado. la vida es con vos, mi amor, una sorpresa constante, un corazón de sandía, un sol como el de esta mañana en que empieza el otoño, unos picos de euforia otros de emoción otros de dolor compartido otros de siesta abrazadas otros de ganas de hacer planes y sin picos ni picadas, planes, placeres, planos, plenos de tu manera y de la mía de ir reparando nuestros corazones, transitando los desiertos, durmiéndome en tu grava, buceando en tus ojos. te amo, linda, chiquita, mamita, te amo y la promesa de que esto sigue es mejor que el sol de otoño y el corazón de sandía, y la flor del cáctus de nuestra entrada y machu picchu de tu mano y la pastillita de la felicidad incorporada a la venas liberando su veneno, contaminando, haciéndome reír y llorar. te amo y te extraño cada minuto que no estás.
no alcanza, no hay carta de amor que alcance, pero igual voy a seguir intentando escribirla.

sábado, 8 de marzo de 2008

la pinchuda

mi novia, mi esposa, el amor que me ha cambiado la vida, es insoportable.
no la quiero menos por eso, simplemente me dan ganas de salir corriendo bastante seguido. O de echarme a llorar a ver si por lo menos tiene el buen gesto de consolarme.
ninguna de las dos cosas funciona. las más de las veces respiro hondo, tomo las gotas de natrum muriaticum y espero que se le pase.
es cierto, también me pregunto qué necesidad tengo de hacerme la vida difícil, de soportarla, de quedarme con tantas cosas en el gañote. tarde o temprano las digo y entonces arde troya.
pero albertina es hermosa, generosa, sensible, la amo, me ama, es creativa y trabaja como la búfalo que es, sabe salir del pozo aunque lo haya cavado ella misma y hacerme los regalos que yo deseo casi sin perdírselos.
asi que la vida es bella, con malhumor y todo. y yo, yo estoy muy lejos de ser perfecta. pero no es momento de confesiones.

viernes, 7 de marzo de 2008

el blanco aumenta

iba a usar la plabra crece, pero no, aumenta.
mal día en el trabajo y encima una familia que mantener. tome un rivotril a las cuatro de la mañana para dejar de escuchar la voz de mi jefe. Y lo que es peor, mis respuestas. Y lo que te lleva al fondo del pozo, alguien que dice 'te estás exponiendo mucho'. Conclusión, un par de whiskys, la certeza de que para ganar la pulseada al menos tiene que parecer que se pierde y un día de encierro en casa para reponerme del rivotril y el maltrato.
y encima con una familia que mantener.

joder

jueves, 6 de marzo de 2008

en blanco

hay que tener cuidado con lo que se desea. Cuidado con el deseo que quiere por sí mismo. cuidado conmigo, deseo. hoy, el día queda en blanco. o tal vez cruzado por dos líneas rosadas. hay colores feos, pero el rosado se lleva todos los premios. y esas dos líneas como cascos de caballos, como viento en la playa, como un acceso de llanto, como un dolor de panza. esas dos líneas y nada, nada más, nada más. si alguna vez el amor hizo tic tac ahora el reloj cruza como una flecha hacia la fecha. y falta tanto. y espero que falte. y espero.