miércoles, 19 de marzo de 2008

la restricción

ahora mismo pienso en fumar un cigarrillo y no tengo y entiendo que es acertado no tener porque si no ya lo hubiera encendido. la restricción es un corsét que me mantiene erguida y un tanto asfixiada. No está mal poder guardar algunas palabras, ahorrar los gestos que conozco, intentar inventar otros que me permitan darme cuenta, otra vez, cuál es el tamaño de mi presencia en el mundo: invisible. una muesca sobre la corteza de un cáctus, ni siquiera está destinada a durar. no es un lamento, es un aprendizaje que a veces se sumerje en el olvido, otras en vahos de alcohol enardecido que me hace crecer un tocado como una cresta de plumas, como si tuviera credenciales para andar interrumpiendo conversaciones y relatos con los míos, mis adorados relatos, los mismos de siempre. Estoy siendo implacable, estoy triste. por suerte tengo mi secreto, acá a mi costado. un secreto siempre embellece a una boca bien cerrada. y además me obliga a obviar los cigarrillos, a contener el gesto, a beber de a sorbitos. un horizonte es necesario cuando es difícil mirar alrededor sin que se enciendan las alarmas. sería bueno hacerse invisible, esconderse como hace boro en el cuerpo de su madre hasta que esté fuerte, hasta que pueda saludarnos, hasta que podamos escuchar su corazón como ahora escuchamos nuestra ansiedad, nuestro deseo.

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