la azalea acaba de revivir. ayer cuando me fui estaba mustia, esa azalea me extraña, suele decir mami. Ahora la veo desde la ventana, las hojas enhiestas, los pimpollos desorientados a punto de estallar en otoño. ya no sé a qué responde el ritmo de esa planta. a lo mejor mami tiene razón y por algún vericueto me sigue. hoy despertar no fue como trepar desde un pozo ciego al que en plena vigilia se desea volver. porque era oscuro, porque no era cruel como lo que puede escucharse en el teléfono justo cuando la escucha está necesitada. pero eso fue ayer. hoy la azalea revivió y yo a pesar de haber soltado el abrazo de mi amor antes de lo previsto estoy muy bien en este silencio. casi consigo desprenderme del monotema, darle a la fantasía un poco de rienda; arre, arre caballito donde el pasto está crecido, por ahí donde no veo donde se apoyan los cascos. si ella me lleva puedo cerrar los ojos aunque vaya cabalgando, pintarme de atardecer naranja aunque después recule con los terneros que me hacen frente. recule de a pasos más cortos, para no alertar a quien pueda perseguirme, a sabiendas de que aquí nadie puede perseguirme. es el reflejo de ponerme a su sombra y aprovechar para verla arremeter contra ningún fantasma, solamente desplegarse, gritarle al viento para que le devuelva
su propio aliento
ella, su aliento, el campo
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