lunes, 29 de septiembre de 2008

A veces siento que tengo el cerebro vacío: una línea plana recorriéndome la frente, un silencio entre las orejas que no se parece en nada al que viene de la calle. no son días fáciles cuando me sucede porque entonces aparece la pregunta de siempre ¿qué será de mí si nada sale de mí? si no encuentro historias para contar si no creo que haya palabras dignas de ser dichas.
también es cierto que la dicha prescinde de las palabras, se despliega sencillamente, se traga el tiempo que se traga y ahora no es momento de aceptar devoluciones; que el tiempo de la nausea ha pasado y si vuelve que sea por la canilla abierta de mis broncas y dolores.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Ay, querido Boro, si supieras el ánimo trágico que suele envolver a la segunda de tus madres. Me voy enredando, enredando, y me envuelvo en una maraña de pensamientos oscuros. Lucho a brazo partido para no sentir que el mundo está en mi contra, que nunca llego (o mejor, me quedo) donde quiero estar, como quiero estar. Y de pronto me llama Clara y por el método más mezquino y más trillado digo, qué boluda. Para que entiendas, Clara es una mujer que conocí en la cárcel de Ezeiza, donde pasó nueve años, y que camina ayudada por dos bastones y su voluntad; si no, hace rato estaría en silla de ruedas. Es abogada y escribana, pero no puede vivir de ninguno de sus títulos por el problemita de la cárcel. Encima me llama con culpa por no haberlo hecho antes. Culpa mayúscula de mi parte, que la visité mientras escribía su historia y nada más.
Lo que quiero decirte, querido hijo, es que estés preparado para el animó líquido de tu madre. Líquido en los ojos, agitado como el mar, con tendencia a anunciar una tormenta que no llega. Eso a mí favor, como sea, la capeo. Y que además fumo porro, y entonces se me va un poco la cabeza, como habrás notado, pero también el ánimo trágico.
Sólo para que sepas.

martes, 9 de septiembre de 2008

un tiempo robado

al tiempo que no tengo. Una anotación al pie, al pie de Jerónimo -ya veremos con qué letra se escribe- que sigue apuntando a la boca del estómago de mami y a veces me toca la espalda cuando dormimos cucharita; que todavía podemos. Lo difícil se está haciendo abrazarla. Será la altura que no me ayuda, aunque lo de la ayuda hay que verlo en perspectiva: la abrazo de frente y quedo doblada perfectamente a la altura de mi cintura y su panza y entonces la cabeza cae tranquilamente sobre sus tetas. Y qué tetas. Es que no puedo dejar de admirar su temperatura, su tamaño, su promesa y hasta esas gotitas que se escapan cuando se las aprieta correctamente para darnos la seguridad de que nuestro niño no pasará hambre.
He pasado unos días tremendos desde la vuelta del viaje al que llevamos la panza de mami y mi curiosidad natural por andar de aquí para allá, donde mami me sigue, cansada y con entusiasmo. Nada anoté de nuestro viaje a Paris, menos del paso por Locarno. Eso fue un auténtico agujero en el tiempo, como este que hago ahora, minúsculo, porque necesito que no se cierre el canal, dibujar lo que imagino, darle tamaño a la incertidumbre, saber que no se me van los días si no hay algo que retengo ahora de este tiempo que no va a volver nunca igual. Este silencio, por ejemplo, la radio sonando de fondo, yo acá sentada en el nuevo comedor de nuestra casa.
Suena trágico decir que no va a volver pero así es la cosa y no está mal aprender a despedirse de aquello que nos deja. Después sigo, espero no demorar tres meses.