Boro ha dejado de ser un secreto. su ingreso en la semana doce lo ha salvado de vivir atrapado por nuestro silencio. Aunque, tengo que decirlo, la noticia se fue filtrando como agua en la tierra, deseada y necesaria, una caricia que a veces se puede dar, sobre todo a quienes entienden que lo que estamos dando, en realidad, es una historia de amor que se tiende, un invitación a compartir los revolcones -bueno, no todos- que sobre ella se pueden dar.
hasta ahora las reacciones han sido diversas: hubo quienes se taparon la boca para no gritar -es que hasta ahora no se podía- mientras yo veía en los ojos una sucesión desaforada de palabras e ideas y quienes no dudaron en colgarse del cuello y estampar sus besos y bendiciones en la mejilla disponible. Estuvieron quienes se quedaron en silencio a la espera de entender si la noticia era buena o mala, si yo estaba tan contenta como mami o habíamos cruzado espadas en un duelo de infieles que dejo "eso" entre nosotras; quienes pusieron a revolear sus ojos entendiéndo súbitamente que la competencia madre hija al fin había mostrado la cola -claro, como soy abuela, ahora quiero ser madre otra vez... Y quienes, sin atreverse a preguntarlo claramente, exudan intriga por "el mecanismo". ¿Tiene padre? ¿se echaron un polvo? ah, no le se lo echaron, qué boludos ¿fueron a un médico? ¿y cómo? ¿adentro? ¡¿tan adentro?! No, pero pará, no entiendo... ¿qué parte no se entiende, la de cómo se hacen los bebés?
También estuvo en el coro de voces la de una amiga canadiense que me preguntó si había sido planeado. Cuando le contesté que sí, obvio, largó la carcajada. Ella no podía saber que ya me lo habían preguntado en serio.
Y todavía faltan por lo menos dos tíos, una tía abuela, unos cuantos y cuantas amigas y el ancho mar a dónde planeo lanzar la noticia para que la noticia me reciba antes de que sea un bollito entre mis brazos justo con los primeros calores de la primavera.
miércoles, 30 de abril de 2008
lunes, 21 de abril de 2008
lo que sé y todo lo que no sé
una lista corta y otra larga, plagada de razones para el miedo, aunque el miedo apenas necesite de sus razones.
Sé que está sucediendo lo que deseaba. y sé que lo deseaba aun cuando el no titile desde el fondo de mi conciencia, aun cuando sienta que abandono el agua en la que flotaba por una vez, sin temor a la deriva.
Sé que sucedió cuando por fin -por una vez- inventamos un mundo propio y un código de mensajes para que acompañen el viaje de los emisarios al vientre de mi amada, cuando la risa y la emoción me sirvieron la conciencia de que lo estábamos haciendo juntas, las dos, tomando el camino de la euforia y la emoción.
Sé, me acuerdo, de que estaba muy nerviosa ese día, como si fuera la primera vez en que nos íbamos a encontrar desnudas, de frente a la chance de darnos amor y placer, de fallar en el intento y de seguir hasta conseguirlo. Me acuerdo, estaba tan nerviosa que sentía un temblor en las plantas, que la ciudad y sus caminos se me hicieron desconocidos, que la oscuridad o el escaso placebo de la luz artificial no lograron devolverme la calma.
Sé que pierdo mi lugar en esta historia, que extraño a mi novia algunas noches y algunas tardes y algunos mediodías, que me pone celosa descubrir lo impenetrable de su burbuja, ella y su cuerpo y el hijo que se forma y sus innumerables secretos.
Sé que quisiera unos brazos interminables para abrazar su cuerpo y su panza y las oscuridades que la alejan de mí y curar su orfandad y la mía y meterme en esta historia con el nombre que no sé y que reclamo.
Sé que soy mujer, que he parido hace tanto tiempo, que tengo un cuerpo que se expande y que busca en los pliegues de la memoria y que entonces me creo que puedo forjar esos brazos para sostenerla y sostenerlo y sostenerme y que eso será sólo a pedido y que mientras tanto me queda esperar y ordenar y disciplinar lo que no sé, lo que no puede ser dicho porque está en la sombra, lo que tendré que aprender, lo que me espera.
Sé que está sucediendo lo que deseaba. y sé que lo deseaba aun cuando el no titile desde el fondo de mi conciencia, aun cuando sienta que abandono el agua en la que flotaba por una vez, sin temor a la deriva.
Sé que sucedió cuando por fin -por una vez- inventamos un mundo propio y un código de mensajes para que acompañen el viaje de los emisarios al vientre de mi amada, cuando la risa y la emoción me sirvieron la conciencia de que lo estábamos haciendo juntas, las dos, tomando el camino de la euforia y la emoción.
Sé, me acuerdo, de que estaba muy nerviosa ese día, como si fuera la primera vez en que nos íbamos a encontrar desnudas, de frente a la chance de darnos amor y placer, de fallar en el intento y de seguir hasta conseguirlo. Me acuerdo, estaba tan nerviosa que sentía un temblor en las plantas, que la ciudad y sus caminos se me hicieron desconocidos, que la oscuridad o el escaso placebo de la luz artificial no lograron devolverme la calma.
Sé que pierdo mi lugar en esta historia, que extraño a mi novia algunas noches y algunas tardes y algunos mediodías, que me pone celosa descubrir lo impenetrable de su burbuja, ella y su cuerpo y el hijo que se forma y sus innumerables secretos.
Sé que quisiera unos brazos interminables para abrazar su cuerpo y su panza y las oscuridades que la alejan de mí y curar su orfandad y la mía y meterme en esta historia con el nombre que no sé y que reclamo.
Sé que soy mujer, que he parido hace tanto tiempo, que tengo un cuerpo que se expande y que busca en los pliegues de la memoria y que entonces me creo que puedo forjar esos brazos para sostenerla y sostenerlo y sostenerme y que eso será sólo a pedido y que mientras tanto me queda esperar y ordenar y disciplinar lo que no sé, lo que no puede ser dicho porque está en la sombra, lo que tendré que aprender, lo que me espera.
martes, 15 de abril de 2008
habilidades
a papi le gusta colgar luces de colores del techo y hacerlas girar, confundir a la luz en instantes más breves que parpadeos, hacer que la música tenga su propio paisaje. No es un truco si no una caricia para quienes buscamos un horizonte donde ofrendar la sonrisa que sobra en la cara cuando no tiene destinatario.
a mami le gusta dar zarpazos desde la pantalla, punzarte la panza hasta que sea necesario protegerla con las dos manos del embate que no cesa hasta que ella lo decide. por suerte, lo decide, por suerte el alivio llega junto con su sonrisa de un millón de dientes que dice: ¿lo hice de nuevo? ¿no?
a mí, me sale arrancar lagrimones. no sé si es mi alma de bolero o un atajo a los corazones ajenos.
esta enumeración caprichosa no habla de los cruces entre los tres. no dice de una boca abierta que vomita rabia ni de algunas noches escribiendo dormida ni de la tapa de un libro que hace cosquillas en la yema de los dedos ni de dos días en Cabo Polonio al principio de esta historia, ni de las broncas y los placeres después de cada fiesta. Mucho menos dice de lo que todavía no ha sucedido ni de lo que se está gestando, dentro de mami y en cada uno.
a mami le gusta dar zarpazos desde la pantalla, punzarte la panza hasta que sea necesario protegerla con las dos manos del embate que no cesa hasta que ella lo decide. por suerte, lo decide, por suerte el alivio llega junto con su sonrisa de un millón de dientes que dice: ¿lo hice de nuevo? ¿no?
a mí, me sale arrancar lagrimones. no sé si es mi alma de bolero o un atajo a los corazones ajenos.
esta enumeración caprichosa no habla de los cruces entre los tres. no dice de una boca abierta que vomita rabia ni de algunas noches escribiendo dormida ni de la tapa de un libro que hace cosquillas en la yema de los dedos ni de dos días en Cabo Polonio al principio de esta historia, ni de las broncas y los placeres después de cada fiesta. Mucho menos dice de lo que todavía no ha sucedido ni de lo que se está gestando, dentro de mami y en cada uno.
jueves, 10 de abril de 2008
boro en su jardín
A él se lo ve muy guapo en nuestra ventana aquí al costado. Sereno y cómodo en su burbuja, ya con una nariz que parece eso, un ojo y hasta unas aletas que con amor se ven como manos.
Mami no está tan cómoda. En realidad, está tomada: alergia, sinusitis, vómitos.
No puedo entristecerme, apenas preocuparme ¡está ahí, es un hecho!
¿qué clase de embarazo es uno sin molestias?
sólo para ir entrenando la renuncia, la explosión de nuestra bella burbuja, las imposiciones de ese gusano de centímetro y medio que ya reclama atención y compromiso permanente.
Boro en su jardín siembra lo que será.
Su jardín, mi amada, preparándose para el otoño y el despojo del invierno.
Le duelen las cicatrices, que graciosa. Siempre duelen cuando alguien las besa. Es el contraste tal vez, entre la caricia y el dolor que advierte desde la marca en la piel: cortar es fácil, reunir nunca es suficiente.
Las cicatrices son una rebelión permanente de la memoria: una inscripción sobre arena por más que el rastro sea permanente. ¿Aquí dolió? ¿este fue una llaga? ¿hurgó mi dedo en esa boca? ¿por qué no puedo seguir escarbando, qué fue de aquella hondura?
Sólo una línea en lugar del dolor, un borde apenas dentado que reclama su protagonismo, el de aquella que era cuando tuvieron que socorrerla.
boro en su jardín tira de los hilos que sostienen la tierra. desde adentro, tira y se estira, desde adentro sabe ver dónde poner su aleta como una manito.
De su mundo marino a esta tierra, un resto de agua para calmar la sed del tiempo en que dolía.
Mami no está tan cómoda. En realidad, está tomada: alergia, sinusitis, vómitos.
No puedo entristecerme, apenas preocuparme ¡está ahí, es un hecho!
¿qué clase de embarazo es uno sin molestias?
sólo para ir entrenando la renuncia, la explosión de nuestra bella burbuja, las imposiciones de ese gusano de centímetro y medio que ya reclama atención y compromiso permanente.
Boro en su jardín siembra lo que será.
Su jardín, mi amada, preparándose para el otoño y el despojo del invierno.
Le duelen las cicatrices, que graciosa. Siempre duelen cuando alguien las besa. Es el contraste tal vez, entre la caricia y el dolor que advierte desde la marca en la piel: cortar es fácil, reunir nunca es suficiente.
Las cicatrices son una rebelión permanente de la memoria: una inscripción sobre arena por más que el rastro sea permanente. ¿Aquí dolió? ¿este fue una llaga? ¿hurgó mi dedo en esa boca? ¿por qué no puedo seguir escarbando, qué fue de aquella hondura?
Sólo una línea en lugar del dolor, un borde apenas dentado que reclama su protagonismo, el de aquella que era cuando tuvieron que socorrerla.
boro en su jardín tira de los hilos que sostienen la tierra. desde adentro, tira y se estira, desde adentro sabe ver dónde poner su aleta como una manito.
De su mundo marino a esta tierra, un resto de agua para calmar la sed del tiempo en que dolía.
miércoles, 9 de abril de 2008
el principio (un poco más atrás)
Hoy boro se ve sereno y muy guapo en su pompa de jabón. ya perdió la cola y se insinúan unas manitos como aletas y hasta una nariz y un ojo. cuando lo vimos en la ecografía no se mostró demasiado, tal vez porque mami tenía la vejiga llena y él es tan diminuto que no podía atravesar las grandes aguas. Lo escuchamos latir a máxima velocidad y a mí, como siempre, me dieron ganas de llorar detrás de la médica que no hizo ningún problema en que entráramos juntas (no tenía por qué hacerlo, es la paranoia). No sé si esto terminará publicado en abril o como una entrada nueva, lo malo de que aquí no haya páginas que dar vuelta es que se organiza a su antojo y entonces adiós a la cronología, al relato, a toda esa costra de la que tanto me cuesta desprenderme, sobre todo porque no veo la razón para hacerlo. También he notado que boro no se queda quieto. Al momento del encabezado lo veía muy guapo con sus nueve semanas. Esa imagen ya no volverá, ahora tiene aspecto humano en su semana trece aunque su tamaño no excede el de un chocolatín jack. es un embrión con un nombre de fantasía, un embrión como un gusano en su crisálida alimentándose de mami y de nuestro deseo que lo nombra por fuera de sí, que le abre espacio, que todavía no puede ser imaginado del todo. Estamos, lentamente, inscribiendo un hijo, tal vez una hija. Estamos acuñando el nombre que todavía no existe. Estamos inventando para quien venga un lugar en el mundo. Este es un principio.
Hubo más. Hubo una noche en que los tres tomamos una pastilla y bailamos bajo la luna llena, al lado del fuego, protegidos del viento por unas mantas que dejaban su estela en la noche. Lo hicimos en el mismo lugar donde antes, dos días antes tal vez, mami y yo pedimos permiso a la tierra para abrir su boca, la alimentamos con las cosas que nos gustan, le dimos tabaco, porro, whisky, chocolate, la comida del día, un corazón rojo, una lágrima rebelde que quiso caerse ahí, un caracol, alguna página en blanco. Tal vez ya conté de esa noche. Tal vez la memoria me pide que vuelva sobre ella porque esa noche, esa noche en le dimos a la tierra lo que nos faltaba -la comunidad, el baile- nuestro deseo se escapó de la perfección técnica, de la aplicación mecánica, de la ovulación, la estimulación, la inseminación. Esa noche hicimos un círculo y deseamos que suceda. Esas dos noches, la de la ofrenda y la del baile, rezamos. Y aunque faltaba un mes para que boro empezara a instalarse en el vientre de mami, esa noche empezó a gestarse.
A veces papi insiste para que el relato del principio se aloje ahí, en esos tres días de playa a donde él voló para encontrarnos. Tres días en que morimos de risa al punto que mami escupio lo que se le daba aun cuando todavía no sabía que tendría que aprender a soplar por la vulva. Tres días, dos pruebas, una fallida porque papi estaba cansado de arreglárselas solo con sus porno.
Nosotras también creímos que sería entonces. El sitio en el que somos felices, un horizonte de 360 grados de testigo, los tres en un espacio inmensamente abierto y a la vez tan cerrado como el huevo que intentábamos formar. No fue entonces, ¿o sí?
En la playa rezamos, en el telo lo hicimos ¿no es un excelente comienzo? Acá, todos los días, esperamos.
Hubo más. Hubo una noche en que los tres tomamos una pastilla y bailamos bajo la luna llena, al lado del fuego, protegidos del viento por unas mantas que dejaban su estela en la noche. Lo hicimos en el mismo lugar donde antes, dos días antes tal vez, mami y yo pedimos permiso a la tierra para abrir su boca, la alimentamos con las cosas que nos gustan, le dimos tabaco, porro, whisky, chocolate, la comida del día, un corazón rojo, una lágrima rebelde que quiso caerse ahí, un caracol, alguna página en blanco. Tal vez ya conté de esa noche. Tal vez la memoria me pide que vuelva sobre ella porque esa noche, esa noche en le dimos a la tierra lo que nos faltaba -la comunidad, el baile- nuestro deseo se escapó de la perfección técnica, de la aplicación mecánica, de la ovulación, la estimulación, la inseminación. Esa noche hicimos un círculo y deseamos que suceda. Esas dos noches, la de la ofrenda y la del baile, rezamos. Y aunque faltaba un mes para que boro empezara a instalarse en el vientre de mami, esa noche empezó a gestarse.
A veces papi insiste para que el relato del principio se aloje ahí, en esos tres días de playa a donde él voló para encontrarnos. Tres días en que morimos de risa al punto que mami escupio lo que se le daba aun cuando todavía no sabía que tendría que aprender a soplar por la vulva. Tres días, dos pruebas, una fallida porque papi estaba cansado de arreglárselas solo con sus porno.
Nosotras también creímos que sería entonces. El sitio en el que somos felices, un horizonte de 360 grados de testigo, los tres en un espacio inmensamente abierto y a la vez tan cerrado como el huevo que intentábamos formar. No fue entonces, ¿o sí?
En la playa rezamos, en el telo lo hicimos ¿no es un excelente comienzo? Acá, todos los días, esperamos.
miércoles, 2 de abril de 2008
el principio
A los tres nos cuesta recordar cuál fue el verdadero principio de la aventura boro.
Yo sé que al principio estuvo el amor. un amor arrasador como un fuego que me dejó en blanco y me obligó a escribirme, otra vez, de nuevo. sobre las mismas cicatrices, yo, nueva.
Algunas marcas visibles: el pelo y las uñas cortas. Otras, las mismas, esa pasión por arrojarme a la hoguera y en medio del incendio ponerme (ponernos) a reconstruir el nido.
El miedo, es cierto, me trae nostalgia por las naves quemadas. Pero qué importa si el mar es tan ancho y la historia me enseñó a nadar.
También se que al principio estuvo el deseo de mami. Y el mío, más díscolo. A veces sí, a veces las ganas de cerrar la burbuja en nuestras noches a la deriva, en los derrapes de a dos, en los viajes prometidos.
Y sin embargo, el deseo de mami, y el mío, tan díscolo; ninguno se dio tregua.
Fui yo la que eligió a papi, yo que tengo que inventar mi lugar en la historia aunque deseo otra voz que me diga mamá tanto que no dudo que voy a merecer esa caricia.
No quería una incógnita sin solución en esta historia, quería en cambio un amor multiplicado en chances que ni siquiera conozco pero puedo imaginar.
Mami, por supuesto, estuvo de acuerdo. Y papi, creo, se sintió honrado, después asustado, nunca un paso atrás.
Es mágico ver cómo se combinan las fantasías privadas en un gusanito que late como una vibración poderosa perdido en el cuerpo de mi amada.
El principio de boro fue el amor y el deseo y las visitas al médico y la palabra dicha más de una vez y las preguntas y el médico que hacía su negocio y el ritmo del cuerpo de mami y las películas porno que papi ve para poder entregarnos su donación.
Fue más de un año entre una cosa y otra.
Fue una noche de amor, de sexo y sí, también de alcohol cuando finalmente chocaron los planetas. O se pusieron en línea, porque fue una noche de eclipse, de luna roja que no vimos porque estabamos muy ocupadas en traer el cielo a un cuarto de telo con hidro y plasma para también tener nuestras propias porno que ni siquiera miramos.
Después comimos unas pastas junto al río. Y por primera vez, dice mami, yo dije que no tenía dudas, que quería, que deseaba, ver el mundo otra vez de la mano de un niño o una niña a quien pudiera mostrarle también lo aprendido. lo que duele y lo que acaricia. lo que esta y lo que falta. lo que nunca sobra. lo que siempre falta.
boro nacerá con dos madres, un padre, una hermana de 21 y una tía de un año y medio. me van a perdonar el resto de las tías y los tíos que los deje para otra vez, así es la prepotencia de la primera persona.
el principio, igual, todavía está escribiéndose, igual que yo que nunca termino de encontrar la letra justa.
Yo sé que al principio estuvo el amor. un amor arrasador como un fuego que me dejó en blanco y me obligó a escribirme, otra vez, de nuevo. sobre las mismas cicatrices, yo, nueva.
Algunas marcas visibles: el pelo y las uñas cortas. Otras, las mismas, esa pasión por arrojarme a la hoguera y en medio del incendio ponerme (ponernos) a reconstruir el nido.
El miedo, es cierto, me trae nostalgia por las naves quemadas. Pero qué importa si el mar es tan ancho y la historia me enseñó a nadar.
También se que al principio estuvo el deseo de mami. Y el mío, más díscolo. A veces sí, a veces las ganas de cerrar la burbuja en nuestras noches a la deriva, en los derrapes de a dos, en los viajes prometidos.
Y sin embargo, el deseo de mami, y el mío, tan díscolo; ninguno se dio tregua.
Fui yo la que eligió a papi, yo que tengo que inventar mi lugar en la historia aunque deseo otra voz que me diga mamá tanto que no dudo que voy a merecer esa caricia.
No quería una incógnita sin solución en esta historia, quería en cambio un amor multiplicado en chances que ni siquiera conozco pero puedo imaginar.
Mami, por supuesto, estuvo de acuerdo. Y papi, creo, se sintió honrado, después asustado, nunca un paso atrás.
Es mágico ver cómo se combinan las fantasías privadas en un gusanito que late como una vibración poderosa perdido en el cuerpo de mi amada.
El principio de boro fue el amor y el deseo y las visitas al médico y la palabra dicha más de una vez y las preguntas y el médico que hacía su negocio y el ritmo del cuerpo de mami y las películas porno que papi ve para poder entregarnos su donación.
Fue más de un año entre una cosa y otra.
Fue una noche de amor, de sexo y sí, también de alcohol cuando finalmente chocaron los planetas. O se pusieron en línea, porque fue una noche de eclipse, de luna roja que no vimos porque estabamos muy ocupadas en traer el cielo a un cuarto de telo con hidro y plasma para también tener nuestras propias porno que ni siquiera miramos.
Después comimos unas pastas junto al río. Y por primera vez, dice mami, yo dije que no tenía dudas, que quería, que deseaba, ver el mundo otra vez de la mano de un niño o una niña a quien pudiera mostrarle también lo aprendido. lo que duele y lo que acaricia. lo que esta y lo que falta. lo que nunca sobra. lo que siempre falta.
boro nacerá con dos madres, un padre, una hermana de 21 y una tía de un año y medio. me van a perdonar el resto de las tías y los tíos que los deje para otra vez, así es la prepotencia de la primera persona.
el principio, igual, todavía está escribiéndose, igual que yo que nunca termino de encontrar la letra justa.
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