miércoles, 30 de abril de 2008

Boro saltó el cerco

Boro ha dejado de ser un secreto. su ingreso en la semana doce lo ha salvado de vivir atrapado por nuestro silencio. Aunque, tengo que decirlo, la noticia se fue filtrando como agua en la tierra, deseada y necesaria, una caricia que a veces se puede dar, sobre todo a quienes entienden que lo que estamos dando, en realidad, es una historia de amor que se tiende, un invitación a compartir los revolcones -bueno, no todos- que sobre ella se pueden dar.
hasta ahora las reacciones han sido diversas: hubo quienes se taparon la boca para no gritar -es que hasta ahora no se podía- mientras yo veía en los ojos una sucesión desaforada de palabras e ideas y quienes no dudaron en colgarse del cuello y estampar sus besos y bendiciones en la mejilla disponible. Estuvieron quienes se quedaron en silencio a la espera de entender si la noticia era buena o mala, si yo estaba tan contenta como mami o habíamos cruzado espadas en un duelo de infieles que dejo "eso" entre nosotras; quienes pusieron a revolear sus ojos entendiéndo súbitamente que la competencia madre hija al fin había mostrado la cola -claro, como soy abuela, ahora quiero ser madre otra vez... Y quienes, sin atreverse a preguntarlo claramente, exudan intriga por "el mecanismo". ¿Tiene padre? ¿se echaron un polvo? ah, no le se lo echaron, qué boludos ¿fueron a un médico? ¿y cómo? ¿adentro? ¡¿tan adentro?! No, pero pará, no entiendo... ¿qué parte no se entiende, la de cómo se hacen los bebés?
También estuvo en el coro de voces la de una amiga canadiense que me preguntó si había sido planeado. Cuando le contesté que sí, obvio, largó la carcajada. Ella no podía saber que ya me lo habían preguntado en serio.
Y todavía faltan por lo menos dos tíos, una tía abuela, unos cuantos y cuantas amigas y el ancho mar a dónde planeo lanzar la noticia para que la noticia me reciba antes de que sea un bollito entre mis brazos justo con los primeros calores de la primavera.

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