miércoles, 9 de abril de 2008

el principio (un poco más atrás)

Hoy boro se ve sereno y muy guapo en su pompa de jabón. ya perdió la cola y se insinúan unas manitos como aletas y hasta una nariz y un ojo. cuando lo vimos en la ecografía no se mostró demasiado, tal vez porque mami tenía la vejiga llena y él es tan diminuto que no podía atravesar las grandes aguas. Lo escuchamos latir a máxima velocidad y a mí, como siempre, me dieron ganas de llorar detrás de la médica que no hizo ningún problema en que entráramos juntas (no tenía por qué hacerlo, es la paranoia). No sé si esto terminará publicado en abril o como una entrada nueva, lo malo de que aquí no haya páginas que dar vuelta es que se organiza a su antojo y entonces adiós a la cronología, al relato, a toda esa costra de la que tanto me cuesta desprenderme, sobre todo porque no veo la razón para hacerlo. También he notado que boro no se queda quieto. Al momento del encabezado lo veía muy guapo con sus nueve semanas. Esa imagen ya no volverá, ahora tiene aspecto humano en su semana trece aunque su tamaño no excede el de un chocolatín jack. es un embrión con un nombre de fantasía, un embrión como un gusano en su crisálida alimentándose de mami y de nuestro deseo que lo nombra por fuera de sí, que le abre espacio, que todavía no puede ser imaginado del todo. Estamos, lentamente, inscribiendo un hijo, tal vez una hija. Estamos acuñando el nombre que todavía no existe. Estamos inventando para quien venga un lugar en el mundo. Este es un principio.
Hubo más. Hubo una noche en que los tres tomamos una pastilla y bailamos bajo la luna llena, al lado del fuego, protegidos del viento por unas mantas que dejaban su estela en la noche. Lo hicimos en el mismo lugar donde antes, dos días antes tal vez, mami y yo pedimos permiso a la tierra para abrir su boca, la alimentamos con las cosas que nos gustan, le dimos tabaco, porro, whisky, chocolate, la comida del día, un corazón rojo, una lágrima rebelde que quiso caerse ahí, un caracol, alguna página en blanco. Tal vez ya conté de esa noche. Tal vez la memoria me pide que vuelva sobre ella porque esa noche, esa noche en le dimos a la tierra lo que nos faltaba -la comunidad, el baile- nuestro deseo se escapó de la perfección técnica, de la aplicación mecánica, de la ovulación, la estimulación, la inseminación. Esa noche hicimos un círculo y deseamos que suceda. Esas dos noches, la de la ofrenda y la del baile, rezamos. Y aunque faltaba un mes para que boro empezara a instalarse en el vientre de mami, esa noche empezó a gestarse.
A veces papi insiste para que el relato del principio se aloje ahí, en esos tres días de playa a donde él voló para encontrarnos. Tres días en que morimos de risa al punto que mami escupio lo que se le daba aun cuando todavía no sabía que tendría que aprender a soplar por la vulva. Tres días, dos pruebas, una fallida porque papi estaba cansado de arreglárselas solo con sus porno.
Nosotras también creímos que sería entonces. El sitio en el que somos felices, un horizonte de 360 grados de testigo, los tres en un espacio inmensamente abierto y a la vez tan cerrado como el huevo que intentábamos formar. No fue entonces, ¿o sí?
En la playa rezamos, en el telo lo hicimos ¿no es un excelente comienzo? Acá, todos los días, esperamos.

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