A veces siento que tengo el cerebro vacío: una línea plana recorriéndome la frente, un silencio entre las orejas que no se parece en nada al que viene de la calle. no son días fáciles cuando me sucede porque entonces aparece la pregunta de siempre ¿qué será de mí si nada sale de mí? si no encuentro historias para contar si no creo que haya palabras dignas de ser dichas.
también es cierto que la dicha prescinde de las palabras, se despliega sencillamente, se traga el tiempo que se traga y ahora no es momento de aceptar devoluciones; que el tiempo de la nausea ha pasado y si vuelve que sea por la canilla abierta de mis broncas y dolores.
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