jueves, 30 de octubre de 2008

el ansia

Hoy ha sido un día intenso. Anduvimos por la montaña rusa de emociones encontradas y aunque deseo dejar un registro algo se agita en el pecho, como un aleteo, como si estuviera avistando lo que va a venir y a la vez tratando de mirar hacia otro lado, como para que la ilusión no se engolosine, menos ahora que mami no puede comer dulces. Es inminente y la palabra rima con urgente. y no hay paciencia que alcance. tengo que moderar el tranco y lo único que se me ocurre es decir mordisco, porque estamos a punto de dar la dentellada, de sentir en la boca el jugo de la vida misma, de jugarle la pulseada a la muerte y salir airosas como las guerreras que somos. hay un tiempo que se acaba y otro que está por llegar, en ese borde se cuece la ansiedad y la lágrima, se licúa todo mi amor, lo que no somos vos y yo y el hijo que está por llegar cuando decida abandonar el interior de tu cuerpo. y cómo pedirle que lo abandone, yo no podría. aunque me digas lo que me digas. aunque creas que estoy lejos y disponible para cualquiera que no seas vos. me obligo, te lo aseguro. me obligo a asegurar unas pocas cosas para que podamos detenernos en ese interrogante que se abre como una promesa. para acomodar los palos de nuestro nido. para dejar que la cabeza se despegue y sólo sobreviva este latido, esta promesa, este intervalo increíble que en cualquier momento nos devolverá otras. vos y yo y boro, sea cual sea su nombre. hoy te ví acostada frente a la partera y no pude menos que saborear lo que se viene, tu cuerpo en erupción, tu adentro abierto como una flor como un cuenco como una boca que va a decir las palabras impronunciables, las que sólo admiten gruñidos y gemidos, las que van a iniciar el resto de nuestra vida. me voy a vestir, hay un trajín que nos espera, como siempre. pero aun en medio de otra agitación, de cualquier agitación, el latido, el pulso, la sangre, la vida, nuestra vida.

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