Justo cuando empiezo a pensar que el sillón es el paraíso tengo que pararme porque Mala golpea la puerta y después porque se acabó el disco. Efímero, como todo paraíso, el sillón de todos modos está ahí para volver a abandonarse a la gracia por un rato.
Desde el miércoles que no voy a trabajar y nada se ha venido abajo. Al contrario, el viernes vino a visitarme mi descendencia y me sané de una gripe o algo así. Tres días en casa, cerca de mami, lejos de la Institución -al trabajo igual lo estuve esquivando, como siempre que trabajo; cerca y lejos, un poco de culpa, un poco de omnipotencia-, en otro de los paraísos disponibles: casa.
Tiene su dificultad andar encontrando paraísos en cualquier rincón; se roma demasiado el ansia de buscar y así, decir yo se complica. Yo, la escritora en potencia a mis cuarenta; sin obra y sin planes, con un deseo que murmura en mi oído señalando a ningún lado.
En realidad el problema no es de los paraísos si no de la pulsión por encajarles su cabina de peaje, su obligado confesionario donde se administran las penitencias necesarias antes de entrar.
En fin, decir yo se me complica como siempre. como si yo tuviera que ver con una biografía legible.
Cuando pienso en un hijo o una hija, pienso en ver el mundo otra vez con sus ojos.
¿Y que le van a mostrar los míos? ¿que verá a través? ¿que ha visto hasta ahora mi hija? ¿qué fuga les abro?
Una mujer un poco loca y emocional, capaz de comerte a besos, de honrar al cuerpo, al ilustre devenir de los días, al amor que todo lo mueve... ¿incapaz de hacer lo que quiere?
¿Y qué quiero? ¿es lo que quiero o lo que debo o lo que creo que debo?
Últimamente siento que hay algo en mí que se ha nublado con los años, como un vidrio rayado, uno que tengo que pulir para poder ver otra vez yo misma a través. Despejar la maraña de mis pensamientos y hacer lugar para lo que se avecina, preparar una voz para poder cantar, para poder escribir, para poder acunar, para besar.
no es fácil asistir a la concreción de los sueños.
Tal vez debería -vaya palabra- abandonarme a este paraíso, empezar mis clases de canto, masajear un poco el cerebro primitivo y honrar este beso que me da la vida, así, con la boca abierta.