martes, 13 de mayo de 2008

champagne

mami no puede tomar champagne, enseguida le da acidez.
papi toma una copa de champagne y se emborracha.
yo, en el champagne de anoche, puedo hundirme y navegar.
pero, apenas unas cuantas brazadas; el ancho mar se aloja últimamente en mi cama y llegar no es fácil si una se sumerge en el primer líquido que encuentra.
No es fácil tampoco resistirse; esa promesa de deriva del alcohol parece prender lucecitas en el horizonte y a mi vaso me aferro como al mástil aun antes de cualquier tormenta.
mami es mi boya en medio de las grandes aguas y a su sonrisa me dirijo y a su bostezo me rindo.
Así fue que entonces, una sola botella de champagne entre los tres para nuestra noche de convivencia familiar, la primera desde que boro es un hecho ¿un hecho? Es más que eso, lo vimos el lunes, desperazarse y patalear, su columna incadescente y su fémur de un centímetro de largo, siempre de espaldas a nuestra indagación, no mostró la cara pero su mano se extendía por encima de la cabeza. Qué decir, Boro late con rugido de león y seguirá siendo boro, así, sin sexo ni género, el habitante de las profundidades de mami aunque las profundidades están emergiendo y ya caben en la palma de mi mano cuando dormimos abrazadas.

la cuestión es que nos juntamos los tres a la hora señalada, puntualidad meridiana, mesa tendida apenas entramos, nuestra comida favorita -a los tres nos gusta el sushi, a pesar de su fama tilinga. Así era el plan: comer y salir al swinger gay en feliz armonía, no del todo seguras de que los muchachos nos franquearían la puerta. por suerte Lux, alter ego de sexualidad descontrolada, ya había abierto paso para que nos tendieran alfombra roja. ¿para qué ir al swinger gay? pregunta de respuesta abierta aunque puedo arriesgar algunas: papi quiere convivencia en terreno seguro lejos de la famosa "heteronorma" que ahora todxs nombran sin terminar de entender. papi suele hacer invitaciones de ese tipo, como ir a playas nudistas -quería que consumáramos nuestro matrimonio visual-, o a quintas ídem. al final lo llevamos al Cabo, nuestra playa torta, casera, semi nudista y con poca histeria de la cual huyó con rumbo a Chihuahua en busca de una mirada libidinosa que le calme un poco el hambre.
como única respuesta, mami dice que él es caprichoso y yo lo consiento.
como última respuesta yo creo que es la manera más extraña de mantener sexo entre nosotros, sexo que de a tres no está en nuestros planes tener aunque papi nos mire arrobado cuando nos damos besos y lo dejemos listo para dejar caer la toalla que le cubrió sus partes esa noche de convivencia familiar en la que nosotras fuimos pudorosamente ocultadas detrás de unas plantas creo que artificiales mientras veíamos pasar hombres de todo tipo y edad con sus toallas o batas bajo luces de colores incadescentes, al costado de la pileta climatizada en la que algunos ponían a flotar sus trompitas.
nosotras nos fuimos y lo dejamos; y él, dice, se fue enseguida. total el objetivo estaba cumplido.

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